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domingo, 29 de mayo de 2011

Estadística del absurdo


Hace ya mucho tiempo que fui torturado con tener que estudiar estadística descriptiva y probabilidad, gracias a Dios aquello sólo duró cuatro años... Ya en aquella época dudaba de la veracidad de aquellos postulados y fórmulas. Como aficionado a juegos en los que se utilizan pruebas de azar, también en ese ámbito note que la estadística era una ciencia abstracta y la "suerte" una realidad que hacía lo que le daba la gana sin hacer caso alguno a los que las fórmulas dictasen.

Así que pensé: "Da igual que probabilidad tenga un suceso dado, la moneda puede caer 10 veces seguidas de cara"

De esa observación deduje una norma de probabilidad reducida o ampliada al absurdo, esto es: "Un suceso dado puede pasar o puede no pasar". Lo que nos deja las cosas entre dos opciones, osea un 50% de cada cosa. Y que las cosas si suceden, es porque tenían gran probabilidad de suceder, fueran cuales fueran los cálculos. Todo esto puede parecer una total tontería, pero bien visto, en nuestra vida a veces las cosas pasan sin que estadísticamente tengan ningún sentido, así que ¿por qué darle mayor sentido a la estadística?

Todo este razonamiento absurdo podría no haber trascendido de no ser por la lectura de un libro sobre filosofía que ponía en duda, al igual que yo,los conceptos de la estadística y la probabilidad. Y es que en ese libro un sesudo filósofo postulaba que las cosas puede o bien ocurrir o bien no ocurrir, sin importar sus probabilidades. Se trata sin duda del mismo pensamiento, o de la misma tontería, según se mire; pero que bien se queda uno cuando lee sobre algo que ya tenía en su propia mente.


Dios o los pimientos verdes


Es bien sabido que vivimos en un mundo donde la razón actúa como eje de nuestro pensamiento, y cómo ser de otra manera en un mundo donde la ciencia lo empapa todo. Es por ese motivo que aquellos que tienen fuertes creencias espirituales o metafísicas parecen querer casar ese racionalismo con algo como el sentimiento religioso. Supongo que es la manera de obtener la aprobación del pensamiento racional ante sentimientos que se escapan del ámbito de la razón por su propia naturaleza.

Pero hay un punto especialmente molesto donde también se realiza esta labor de otorgar una envoltura racional al ámbito religioso, se trata de el proselitismo religioso. En mundo donde se nos acostumbra a aceptar cualquier concepto científico cual dogma de nuestra civilización, aunque al más común de los mortales pueda parecerle cosa de magia, ¿cómo no aprovechar ese discurso para introducir la idea de Dios a través de argumentos racionales? Racionales digo, aunque lo sean únicamente en apariencia, así se utilizan argumentos que apelan a la lógica, a la ciencia o hasta al más burdo chantaje emocional. 

Y digo yo, ¿es que existe algún argumento de peso que me haga creer en Dios o seguir los dogmas de una religión? A mi entender no, y es imposible que exista tal cosa. Es aquí donde introduzco los pimientos verdes. El gusto por comer pimientos verdes es personal, hay a quien le gustan y a quien no, y punto. ¿Cabría la posibilidad de encontrar un argumento que explicase mi gusto por comer pimientos verdes y a la vez convenciese a alguien de que han de gustarle? Lo dudo, es algo que no se puede ni explicar, ni transmitir. Lo único que puedo decir es que a mi me gustan los pimientos verdes y que te recomiendo probarlos. 

Se que comparar a Dios con un gusto culinario puede parecer ridículo, pero a mi entender es igual de ridículo el intentar convencer a alguien de que crea en Dios como de que le gusten los pimientos verdes.

domingo, 1 de mayo de 2011

El arte de la esgrima


Aunque ya he hablado de esto, de lo que supone la práctica del deporte, quisiera matizar algo más la idea que tengo al respecto. Y aquí sí quiero dejar claro que me refiero a la práctica de esgrima, no de cualquier otro deporte; aunque tal vez mis reflexiones pudieran adoptarse también para otras disciplinas. Pretendo hacer notar la diferencia entre la competición deportiva y la práctica como aprendizaje de un arte.

Con el objetivo de conseguir una buena marca, si no la mejor, en una competición, se realiza un gran esfuerzo de entrenamiento y concentración. En el caso de lograr el objetivo, se disfruta de un momento de gloria. No obstante, en mi opinión personal este efímero momento de gloria requiere de un esfuerzo y sufrimiento, tanto propio como de los contrincantes, que no compensa en absoluto. Es claramente una cuestión de prioridades, pero en mi cálculo inversión/beneficio no obtengo un resultado que me agrade. Es por ello que no me convence la competición.

Es más, si nos adentramos un poco más en su aspecto filosófico, ese momento glorioso requiere necesariamente de frustrar y derrotar a un adversario que juega bajo las mismas reglas y busca la misma meta. Voy a depender constantemente de causar la derrota del contrincante. Esta situación es insostenible, pues nadie puede vencer siempre, por lo que puede acarrear una frustración que termine por apartarnos de la competición. Caso  este de algunos maestros que no compiten, pues es la única manera de esquivar la derrota.

Para continuar con el discurso definiré otra visión que considero puede tener la práctica de la esgrima, esto es: el arte de la esgrima. Apreciar la esgrima como un arte donde se consigue disfrutar del desarrollo de la frase de armas, del enfrentamiento de dos destrezas que buscan crear una estocada bella. 

Este arte es igualmente efímero, pero busca agradar a los dos contendientes. En verdad yo disfruto de una estocada bien ejecutada, ya sea propia o ajena. En este juego que es el duelo simulado se aprende y disfruta de la belleza del combate, sin importar quien vence. Si somos los que perdemos, tendremos la oportunidad de aprender de nuestros errores o de las destrezas del adversario. 

No quiero decir que en este tipo de arte no se busque la victoria, pero se discrimina el tipo de victoria que se consigue, puesto que demostrar la destreza de una bella estocada es más complejo que simplemente alcanzar al adversario con la punta de nuestra espada.

Por otro lado, todo el esfuerzo invertido en mejorar nuestra destreza será un bien que perdura, que no desaparece con el fin del combate; puesto que disfrutar de una estocada es un gozo que se puede disfrutar siempre, pues sobrepasa los límites de la capacidad física, es algo que implica un conocimiento del acero, algo que sólo puede aumentar con el paso del tiempo.


sábado, 30 de abril de 2011

Líneas rectas



Esto es un estracto de uno de los libros que he leido esta Semana Santa. Es una idea que yo mismo comparto desde hace tiempo y que transcribo aquí porque me ha gustado el modo de expresarlo. Un par de personajes conversan en un viaje a un espacio natural protegido al que acuden como turistas:

"-Qué alivio, estar lejos de líneas rectas-dijo un hombre delgado.
-¿En qué sentido?-preguntó Hari, fingiendo interés.
-Bien, las líneasrectas no existen en la naturaleza. Es preciso que los humanos las pongan allí.-Suspiró-.¿Me encanta estar libre de las líneas rectas!

Hari pensó en las agujas de pino, los estratos de roca metamórfica, el borde interior de una medialuna, los sedosos mechones de una telaraña, la línea de una rompiente, los diseños de los cristales, las blancas vetas de cuarzo sobre losas de granito, el horizonte de un lago en calma, las patas de las aves, las espinas del cacto, la embestida en flecha de un ráptor, los troncos de los árboles jóvenes, los jirones de nubes arrastradas por el viento, las fisuras en el hielo, los dos lados de la V de las aves migratorias, los carambanos."

Extraido de "El temor de la Fundación" de Gregory Benford.


Y es que, en la idea bucólica de la naturaleza que tiene el urbanita no hay espacio para la línea recta.

viernes, 25 de marzo de 2011

El viejo tema religioso



Ya hace unos meses que realicé un análisis de los que se puede entender por religiones. Ahora lo reviso y me doy cuenta de que su aproximación a la religión me parece adecuada, pero no del todo completa. Me explicaré, creo que obvié la idea misma de un ente o deidad supremo. Parece increíble el olvidarse de algo así, pero así de esquivos son los dioses, tanto que a uno se le escapan del contenedor de las ideas.

Pues bien, en otra ocasión también hablé de los "memes" o unidades funcionales de las ideas. Según esta curiosa teoría sobre las ideas, sólo perduran en el tiempo aquellas que son útiles para el individuo que las porta y tienen capacidad de transmisión. En referencia al tema que intento desarrollar, el "meme" Dios ha de tener sus ventajas, o de lo contrario no sería una idea tan resueltamente superviviente en la humanidad. 

A mi entender, la mayor ventaja que aporta al individuo es la de actuar como causante o responsable de una miríada de sucesos de nuestra vida. Esta idea hace que nos podamos despreocupar enormemente de toda la aleatoriedad a la que estamos expuestos. 

Si ser pesimista es un "meme" que nos lleva a sufrir casi constantemente, la idea de Dios nos permite  ponernos en "sus manos" para despreocuparnos de acontecimientos sobre los que no tenemos control. Es crear una herramienta mental que explica el universo, a la que hacemos responsable de todo lo que acontece, la causa causans de todo lo bueno o lo malo. Y esto significa que podemos respirar tranquilos, Él está ahí para que sigan girando las esferas, Él sabe todo lo que pasa y porque.

Así que no hay que dudar de su poder, es tremendamente beneficioso para el individuo con esta idea, de lo contrario, no sobreviviría.
Se puede argumentar que otro tipo de ideas son igualmente útiles para ese objetivo, el evitar que nos explote la cabeza de preocupación, pero tal vez no sean tan atractivas o carezcan de las vías de transmisión con las que cuenta este poderoso "meme".

Así las cosas, bien pudiera ser que en el dilema del tipo huevo y gallina sobre si qué era antes, Dios o la religión; tal vez la idea de Dios pueda venir antes de la religión y luego vestirse con los colores y formas descritos por una religión dada... históricamente seguro que ha sido así.


Para saber más sobre los "memes": 
http://es.wikipedia.org/wiki/Meme

domingo, 20 de marzo de 2011

Vida Experiencia Sabiduría Felicidad



vida
(Del lat. vita).  
1. f. Fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee.
2. f. Estado de actividad de los seres orgánicos. 
3. f. Unión del alma y del cuerpo. 
4. f. Espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento de un animal o un vegetal hasta su muerte. 
5. f. Duración de las cosas. 
6. f. Modo de vivir en lo tocante a la fortuna o desgracia de una persona.
7. f. Conducta o método de vivir con relación a las acciones de los seres racionales. 
8. f. Ser humano. 


experiencia. 
(Del lat. experientĭa). 
1. f. Hecho de haber sentido, conocido o presenciado alguien algo. 
2. f. Práctica prolongada que proporciona conocimiento o habilidad para hacer algo. 
3. f. Conocimiento de la vida adquirido por las circunstancias o situaciones vividas. 
4. f. Circunstancia o acontecimiento vivido por una persona. 
5. f. Experimento.


felicidad. 
(Del lat. felicĭtas, -ātis). 
1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. 
2. f. Satisfacción, gusto, contento. Las felicidades del mundo 
3. f. Suerte feliz. Viajar con felicidad


sabiduría. 
1. f. Grado más alto del conocimiento. 
2. f. Conducta prudente en la vida o en los negocios. 
3. f. Conocimiento profundo en ciencias, letras o artes. 
4. f. Noticia (conocimiento).


Estas son cuatro palabras que significan mucho para mi, es por ello que decidí buscarlas en la RAE. Es una gran verdad que sin palabras no hay pensamiento, y que si no podemos definir el difuso mundo de las ideas, no seremos capaces de comprender lo que nos rodea o a nosotros mismos. Es sorprendente cómo la mayor parte de las discusiones profundas tienen su origen en una diferencia del significado que se le da a un termino y otro. Ante una discusión, lo mejor es dejar claro en un primer momento a que hacen referencia cada uno de los términos sobre los que discutimos; muchas veces esto es suficiente para impedir que se produzca tal enfrentamiento dialéctico.


Pero retomando el hilo inicial, estas palabras llevan en su conjunto lo que para mi es el SIGNIFICADO DE LA VIDA. 


He de reconocer que escribir sobre algo tan inefable, o transcendental no ha por menos que causarme un gran respeto, o miedo, o esa sensación de ser un niño entrando en uno de los cuartos de la casa que sólo esta destinado a los mayores. Sin embargo, creo que necesito escribir sobre esto, aunque sea para dar forma a los difusos pensamientos que serpentean desde años en mi mente.

Pues bien, tal y como reza el título de esta entrada, a través de vivir y experimentar creo firmemente que puede alcanzarse la sabiduría, lo cual puede llevarnos a vivir en felicidad. Este pensamiento indudablemente sencillo a pesar de su trascendencia, forma el prisma a través del cual puedo componer el resto de ideas que pueblan mi ideario. Así de sencillo y así de complejo.

Supongo que podría profundizar aún más sobre ello, pero no es mi objetivo. Lo que me ha llevado a pensar sobre ello, ha sido un hecho desagradable que me ha inducido a reflexionar sobre la vida y el tiempo. Para mi desgracia, he podido observar de cerca a personas experimentadas, supongo por su avanzada edad; vivas, bueno, biológicamente no cabe duda de su vitalidad; y que, no obstante, no parecían ni felices, ni sabias. 

Esto me pareció desconcertante, desagradable y triste.

Tal vez haya equivocado mis ideas, tal vez no sea así, o quizás tan sólo se trate de una potencialidad de nuestro ser que no tiene porque darse... quien sabe. 


De momento sólo queda una pregunta que torture mis pensamientos, ¿qué es lo que impide encontrar una gota de felicidad o siquiera un atisbo de sabiduría a lo largo de lustros de existencia?





martes, 25 de enero de 2011

Optimismo catastrofista



En primer lugar decir que esta entrada puede hacer referencia a diversas situaciones. Esto es, esta reflexión surge del estudio de las catástrofes naturales y humanas que se sufren en el medio ambiente. Pero creo que también puede aplicarse directamente a las sociedades humanas, parte de esa gran naturaleza, al fin y al cabo.

El termino "Optimismo catastrofísta" busca definir una postura optimista ante las catástrofes, verdadero motor del cambio. Asumiendo el cambio como algo positivo frente a una situación degradada o inestable que sólo puede desembocar en catástrofe. 

Comenzando por una escala planetaria, pondré el ejemplo de la aparición de la atmósfera rica en oxígeno en nuestra biosfera. Supuso una catástrofe teniendo en cuenta que se trataba de un elemento de desecho, incluso tóxico, de los metabolismos existentes. En un entorno superpoblado como lo eran los antiguos mares del Precámbrico, causó la muerte a un número importante de formas de vida. Sin embargo, de esta catástrofe surgieron las nuevas formas de vida que utilizaron este tóxico elemento como recurso. El primer paso para nuestra existencia.

En una escala social, hay teorías que apuntan que los largos y duros invierno de finales del s. XVIII crearon una situación de hambruna tal que acuciaron una situación insostenible en la Francia pre-revolucionaria. Sólo entonces se tomó la resolución de acabar con un régimen que venía funcionando desde la Edad Media y que en poco valoraba al conjunto de los habitantes de un país. Las consecuencias de este evento catastrófico son de sobra conocidas por todos.

Y por último, en una escala meramente personal. Una pareja puede mantenerse por tiempo indefinido sumida en la mediocridad, sin sufrir ni alegrarse por nada, mientras no haya algo que trastoque sus cimientos. O peor aún, puede sufrir en compañía por temor a la catástrofe que supone la ruptura. Sólo cuando la situación sea insostenible y la catástrofe inevitable se darán los pasos hacia una situación mejor.

Dicho todo esto, considero que hay que ser optimista ante la catástrofe. Y hasta estoy dispuesto a pensar en que luchar contra la corriente que nos lleva hacia la destrucción, es tan sólo oponerse al cambio que renueve una situación insostenible. No pretendo con esto decir que haya que dejarse llevar, o incluso que haya que favorecer la catástrofe; pero si que haya que entender que el cambio no suele producirse sin un suceso catastrófico, entendiéndolo como una situación insostenible.

El único problema para todo esto es que en caso de que nos toque soportar la catástrofe, por muy positiva que esta sea para evolucionar, estamos jodidos.


PD: No quisiera que nadie relacionase esto con creer necesario un acontecimiento violento para favorecer el cambio. Las situaciones insostenibles son una catástrofe en sí mismas y creo que pueden resolverse sin causar una mayor destrucción. Los ejemplos han sido elegidos por ser los más impactantes, espero que los haya menos violentos...

domingo, 19 de diciembre de 2010

Y de repente todo pasa, o ha pasado...



No recuerdo bien quien lo dijo, aunque sabiéndome un completo inútil para recordar nombres, poco me extraña; el caso es que lo dijo: "La vida es aquello que te sucede mientras haces planes para vivirla". O por lo menos algo parecido.

Y la verdad es que me sorprendo a mi mismo siendo víctima de ese mismo pensamiento. Hoy he visto, una vez más, una vieja película de los ochenta, lo que me ha recordado la cantidad de tiempo que ha pasado desde la primera vez. Y es que miro a mi alrededor, en mi casa, donde vivo y gestiono mi propia vida, en la que decido las cosas grandes y las pequeñas; y me doy cuenta de que esta situación ha llegado como sin avisar. No hace cinco años vivía en casa con mi madre, ajeno a toda responsabilidad y ahora tengo dos facturas mensuales a mi nombre. 

He echado en falta una señal, un rito iniciático que me de acceso a esta nueva vida, que me avise al menos. Pero no, todo ha llegado lentamente, digo yo, o demasiado rápido para siquiera darme cuenta. Un enigma, pero evidente es que ha sucedido.

Y es que ni siquiera he tenido tiempo de imaginármelo, de pensar en que tipo de casa quiero tener, de crear y recrear una ilusión de lo que será mi casa, de tantas cosas en las que pensar.

Diré que de todas formas en nada me estresa este hecho, pues vivir, vivo, aunque lo haga, como a veces creo que hago, a salto de mata. Claro que tampoco conozco la experiencia de la mayoría de la gente que me rodea, y no sé si a ellos tampoco les salen los planes que ni siquiera han hecho.

Tal vez lo mejor del caso sea precisamente eso, no haber creado ninguna expectativa, pues suele ser madre de la frustración. Así que termino recordando algo que dijo alguien cuyo nombre obviamente olvido: "Vive el momento, pues ni el pasado ni el presente existen".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

To wash or not to wash



No parece que esta entrada vaya a descubrir los entresijos del universo, ni mucho menos pretender buscar el origen del pensamiento humano, pero no puedo por menos que escribir unas líneas a algo tan cotidiano como fregar los platos.

En realidad lo que quiero hacer es contraponer dos situaciones tan dispares como lo son tener que discutir por unos platos que llevan dos días (de calendario) en el fregadero sin ser limpiados y discutir para impedir que tu pareja friegue, porque ya ha hecho suficiente.

Como bien he dicho, poco trascendental la situación; pero que en el fondo, bien puede usarse como piedra angular de la convivencia, o como mínimo, como un buen indicador de la existencia o ausencia de la misma.

Escribo esto para ser consciente de estas dos realidades que para bien o para mal he vivido personalmente gracias a las personas que en un tiempo u otro he elegido para compartir vida, casa y, como no, fregado.

Sólo me queda dar gracias a los dioses por estar acompañado ahora por quien se preocupa por fregar tanto como yo; y recordarme a mi mismo lo fácil que se olvida lo que fueron unos platos que, en un momento pretérito, pernoctaron hacinados en un pequeño cubículo metálico a la espera de alguien que los rescatase.

A veces las cosas simples significan mucho, otras, demasiado.

martes, 7 de diciembre de 2010

La vida florece, a pesar de Liebig




En general no me quejo de mi vida, puesto que he de admitir que vivo bien. Adicionalmente, teniendo en cuenta que me considero una persona libre y con capacidad para elegir su camino, no puedo quejarme del rumbo que toma mi existencia, elegido por mi mismo como ha sido.

Pero a veces... que duro es mirar hacia un futuro incierto (como si hubiera futuros con garantía) y no dejarse llevar por la angustia existencial. Especialmente cuando los dineros se van agotando y los ingresos no se prometen continuos.

Es en esos momentos en los que decido mirar a mi alrededor, realizar una breve auditoría de mi vida, mi entorno, mis sueños y mis logros con la sana intención de recordarme que estoy vivo, de que no es mi vida un valle de lágrimas y ,muy al contrario, soy una persona muy afortunada gracias a las personas que me rodean y a las circunstancias donde me ha tocado vivir. Pero luego viene Liebig...

¿Y quién es ese Liebig, si puede saberse?, se preguntará alguno, pues un alemán ya hace tiempo fallecido famoso por dos logros. El primero, y el que mayor fortuna le reportó, por crear un extracto de carne gracias a un proceso de su invención. Esto es algo que dudo me afecte en lo más mínimo ni ahora ni nunca. Y en segundo lugar por formular la conocida como Ley de Liebeg, o Ley del mínimo, que establece que en el crecimiento vegetal lo importante no es aquello que abunda, si no el factor con menor presencia, el denominado factor limitante.

Pues bien, no siendo un vegetal debiera importarme poco esta ley tan interesante para la fisiología vegetal, pero me ha dado por pensar a mi que tal vez sea extrapolable a otros aspectos de la existencia.

Esta ley viene a decir que da igual todo lo que tengamos en cantidad suficiente, pues será aquello de lo que carezcamos lo que limitará nuestro crecimiento. Entiéndase crecimiento personal en lugar de vegetal y ya tenemos hecha la puñeta a nuestra existencia. Pues de ser esto así, y haciendo una simplificación cercana al absurdo pero a la vez muy comprensible, no importará si tenemos salud y amor careciendo de dinero, o dinero y amor careciendo de salud, pues lo que nos condiciona es aquello de lo que carecemos.

Lo cual, hablando mal y pronto, es una putada.

Por suerte nos queda el alivio de saber que los niveles mínimos son tan subjetivos que sería imposible determinar un valor objetivo de felicidad. Por lo tanto hagamos como la gata de mi madre, que es feliz con una caja de cartón donde meter aunque sea tan sólo una pata.


lunes, 18 de octubre de 2010

Si yo fuera rico... tara ri ra ri ra ri



No volveré a repetirme al definirme como raro, pero el encontronazo que he sufrido hoy con la normalidad me ha dejado verdaderamente trastocado.

Pongámonos en situación, dentro de mi plan magistral para formar parte del bureau, asisto a clases de vasco, en las que puedo conocer gente de lo más variopinta, o mejor dicho, normal. Pues bien, hoy ha surgido el tema del dinero, o para ser más exactos, la idea de tener el dinero suficiente para no volver a trabajar. Dejando aparte los tópicos sobre si el dinero trae la felicidad o no, la mayor parte de la gente ha compartido la opinión de que, en el caso de tener tanto dinero, se aburrirían de no hacer nada.

Supongo que hasta aquí nada es necesariamente extraño, pero si se profundizaba en la idea, relucía un planteamiento espeluznante, por lo menos a mi entender. Se trata de lo siguiente, se aburrirían al carecer de un objetivo en la vida; objetivo que actualmente consiste en trabajar duro para poder acceder a la compra de un coche, en primer termino, y una casa en segundo.

De nada ha servido el proponerles viajar a lo largo y ancho de este mundo, puesto que también les terminaría cansando. Qué decir de estudiar algo de su interés, el estudio es visto únicamente como una vía para logar un trabajo cualificado. Ni siquiera he intentado explicarles la multitud de objetivos personales que se pueden desarrollar sin las limitaciones impuestas por tener que trabajar para ganarse el pan, o coche o lo que sea.

Todo esto me ha dejado francamente impresionado. Y aún ahora, cuando escribo estas lineas, me cuesta entender que haya personas cuyo único objetivo en la vida sea conseguir un trabajo para poder obtener coche y casa. 

De todas formas, lo que si entiendo es la soledad y sentimiento de hallarse perdido, a la deriva, de alguien que decide reflexionar sobre su propia vida desechando cualquier salvavidas emocional o camino mil y una veces recorrido por sus pares. Supongo que es el rechazo a esta angustia vital la que nos hace seguir las marcas dejadas por otros antes que nosotros, como una garantía de seguridad, aunque sea un camino marcado hacia el precipicio.



sábado, 18 de septiembre de 2010

Mi guerra personal

Lo que no escribí hace unos días es que en el fondo, lo que deseo es luchar contra el Deseo mismo, quien tanto pesar me ha causado, quien tanto me ha atormentado. Y cuando más convencido estaba de que renegando del deseo, había encontrado mi presente; reflexiono, recuerdo y pienso para ver que el deseo se encontraba tan cerca que de cerca pasó inadvertido. Quise oponerme al Deseo, y no pude desear peor cosa, pues el deseo ya estaba en mi. Y en el fondo me gusta, es lo que deseo.



A su vez, por distinto camino, Sino me demuestra una vez más mi soberbia, lo que fructifica en estupidez sino se controla. Por hoy me he salvado, soy más sabio para ser más niño. Gracias a los dioses.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Oh destino!! U otros dioses...



Siempre he pensado que para el desarrollo del pensamiento es necesario el ocio. Sólo en libertad para pensar en algo que no sea buscar la próxima comida se puede pensar en aquello que trasciende a la realidad más cercana. Es por ello que he de regocijarme de vivir donde vivo, con la suerte de verme condenado a pensar en todo aquello que nos rodea, a veces, tal y como digo, condenado, pues puede volverse en un exceso. Por ello habré de dar gracias al Destino, quien me ubica donde soy, pues de lo contrario no seria tal.
Sin embargo, mantengo una cierta lucha con Deseo, pues no llego a comprender porque nos oponemos a lo que el buen Destino nos depara y deseamos aquello de lo que carecemos. Aunque supongo que en eso consiste el deseo, en desear, y sólo se desea lo que no se tiene, aquello fuera de la esfera de nuestro destino. Así fue descrito ya hace dos mil años por los primeros ociosos, y tal vez sólo repetimos lo que ellos iniciaron por nosotros.

Entonces, ¿debiéramos luchar por sueños deseados, o seremos más felices navegando plácidamente por las aguas que nos ofrece nuestro destino?

Quién sabe a que dioses muertos hay que realizar esta pregunta...

jueves, 2 de septiembre de 2010

Pensamiento temporal

 
 
Los pensamientos pueden atormentar si se realizan en la dirección inadecuada. Esto es, el pensamiento es nuestra manera de racionalizar el mundo para entenderlo, pero si se realizan erróneamente, nos pueden llenar de dudas sin respuesta.

Respecto a la dirección del pensamiento. Un pensamiento puede enfocarse al presente o desviarse a lo inexistente, ya sea pasado o futuro. El pensamiento que encontramos en el presente carece de movimiento, por ser donde es, no se desplaza. El pensamiento derivado hacia el pasado crea un movimiento retrógrado, que ancla el pensamiento a un hecho inexistente. El pensamiento proyectado hacia el futuro es incierto y crea un desarrollo inexistente pero muy dañino pues puede suplantar al pensamiento presente, el único que es.
 
Mantener el pensamiento en el presente, pero utilizando el pasado como experiencia previa y el futuro como planificación de nuestros pasos es la tarea para evitar pensamientos deletéreos.

Ahora bien, el modo de desarraigar estos pensamientos inadecuados es diferente en base a la dirección en la que se desarrollen. Para los pensamientos anclados en el pasado, hay que avanzar al tiempo presente. para aquellos desviados hacia lo imaginable en el futuro, transmutar futuro en presente.

Para destruir eficazmente la desviación hacia el futuro, no hay como avanzar hacia un futuro aún más lejano, donde su fuerza es tan tenue que no hay por más que regresar al presente purificado.



sábado, 19 de junio de 2010

Una vez más extraño


Hacía ya tiempo que no sufría esta penosa sensación que se da al sentir la fuerza adversa de la corriente dominante. Esa presión a la que se ve sometido nuestro ser en tanto en cuanto lucha por vencer una inercia social que nos arrastra hacia lo común, hacia algo que, para nuestra desgracia, no es de nuestro interés, pero sí del interés del más común de los mortales.

Ya hace mucho tiempo de la primera vez, y ya hace mucho que mi rareza fue izada cual bandera, verde, sin duda, de mi independencia. Y aún así se hace penoso volver a soportar esa inmunda fuerza que nos pretende doblegar al gusto de lo general.

Tal vez se trate de un imperativo biológico, instintivo, que nos haya permitido alcanzar el obsceno éxito como especie del que hoy disfrutamos,  una fuerza que nos guiaría como aquella que coordina el vuelo de los pájaros, el transitar de las hormigas o el fluir de un banco de peces en el mar. Porque en todos estos casos la independencia es la muerte, es ser sometido al escrutinio siempre amenazador de la selección natural frente a la segura protección de la masa, donde aunque sólo por estadística esta la supervivencia.

Es por eso que navegar sólo es duro, por los peligros del océano así como de la incomprensión y acaso rechazo del banco abandonado, ya que una vez dejado, ¿cómo regresar?

Y de cualquier modo, en verdad, ¿quién puede regresar a un lugar donde nunca ha estado?


lunes, 5 de abril de 2010

Jet-lag

¡Qué cansado es viajar! 

Es algo que todos sabemos, que los viajes nos agotan, y es indistinto que los hagamos sentados o tumbados. Siempre nos agota el recorrer una cierta distancia, y no me refiero necesariamente a las largas distancias de los vuelos inter-continentales, como pudiera hacer referencia el título de la entrada, me refiero a todo tipo de desplazamiento. Es un hecho.

Bueno, el viajar cansa, eso lo sabemos todos, pero, ¿por qué tanto?

(Antes de continuar quiero hacer un inciso, voy a hablar de metafísica, pero a modo de juego, que nadie me caliente con cosas que ya bastante me calienta... ya escribiré al respecto.)

Bien, continúo, decía pues, que ¿por qué tanto?, y se me ocurre pensar en que tal vez no estemos hechos para las velocidades a las que nos movemos, que tal vez por eso sufrimos unos efectos adversos tal vez no previsibles. Me explico, ¿no tenemos la sensación de que fuera de casa estamos perdidos?, ¿no nos cuesta adaptarnos a un nuevo entorno, por cercano que este sea? Muy evidente es la falta de tránsito intestinal que se suele sufrir al abandonar el territorio propio, por poner un ejemplo.

¿Y qué es lo que nos impide hacernos a un nuevo entorno? ¿Qué es lo que dejamos atrás?

¿Quién podría asegurar que nuestro espíritu no se queda atrás, que tarda más en encontrarnos, que es lo que echamos en falta cuando nos desplazamos? Tal vez sea por eso que nos agotamos tanto, que nos cuesta encontrar nuestro lugar hasta pasado un tiempo, pues es natural que nos cueste tiempo y energía tirar del carrete de ese cordón de plata de nuestro alma.

¿Quién sabe...




jueves, 25 de febrero de 2010

El tiempo pasa, nosotros perduramos


Hoy me vuelvo a despertar con el sonido del despertador, como cada día, y  he vuelto a vivir uno de esos momentos irreales entre el sueño y la vigilia. Cuando parece que ese momento forma parte de una larga sucesión de momentos, que uno tras otro se superponen y repite una y otra vez, en la irreal frontera entre nuestra vida y lo que soñamos.

Es en ese efímero y eterno momento cuando pienso, o necesito pensar, en que es lo que me hace abandonar ese mundo soñado, esa otra realidad onírica, en porque despertar a este mundo cuya frontera es tan cruel. Porque, para nuestro yo onírico, ¿que puede haber más cruel que ese sonido estridente que nos arranca de nuestro propio ser y nos trae de vuelta a un mundo mucho más anodino y estéril?

En ese cruel momento pienso si realmente hay una razón para estar vivo, para despertar, para vivir esta vida que vivimos. Es un momento triste, lleno de anhelos por lo que soñamos y que sólo nuestro yo onírico conoce desde cerca. Y hoy esa extraña sensación de desasosiego, esa duda, me ha acompañado hasta lo consciencia.

Y me pregunto, ya consciente, pero lleno de melancolía, ¿que hago yo en mi vida?, ¿estoy vivo o sólo sobrevivo como imperativo de mi cuerpo que no ha muerto?

La respuesta no es sencilla, pues implicaría saber el porque de nuestra existencia, pero algo habré de decirme para no morirme en vida. Algo que me permita disfrutar de la vida que poseo.

Supongo que, tanto para mí como para el resto de los seres, lo que lo consigue, lo que hace que todo ser humano viva dentro de su propia vida, es el sentido de su vida. Aquello que evita que nuestra mente se revele y vaguemos sin rumbo entre este mundo y el onírico, abandonados en tierra fronteriza hasta el agotamiento de nuestros cuerpos, hasta la muerte de nuestro mundo real.

Bien, yo tengo dos motivos, dos razones últimas que me permiten no pensar en esa pregunta capciosa de nuestra mente, el porque último, algo en lo que es mejor no pensar. 

Pues bien, como decía, dos razones. Por un lado, mi eterna e insaciable curiosidad por el mundo, por la humanidad, por la naturaleza, por todo cuanto nos rodea. Una curiosidad que me hace sonreír cada vez que veo las partes más curiosas del todo: la hermosura de los árboles que crecen hacia el cielo, la sabiduría contenida en las palabras que se lleva el viento, el canto de las aves, la naturaleza humana y mundana... y tantas cosas.

Y por otro lado, la capacidad de creación del hombre. Algo que me maravilla y de la que intento tomar parte en la medida de lo posible. Si hay algo que es capaz de diferenciar al hombre del resto de los seres, es eso, su capacidad de creación. 

A su imagen y semejanza crearon los hombres a los dioses, dioses creadores del universo, de la vida, del bien y del mal, de todo cuanto nos rodea. Y es que el hombre tiene una capacidad de creación infinita, desbordada, sublimada. Y es que, cuando crea, el hombre esta vivo, más vivo que nunca, dueño y señor de su creación, todopoderoso, como un demiurgo capaz de trastocar los mismos cimientos de la creación, ya sea creando grandes cosas o insignificantes castillos de arena.

Supongo que es por eso que el hombre es hombre desde que crea, porque es cuando comienza a vivir superando los imperativos biológicos, superando así a la supervivencia. Desde el momento en que se alza sobre el resto de los seres y crea para bien o para mal todo aquello que de su mente surge, vivirá realmente y cambiará el mundo. 

Cambia este mundo aportando cosas nuevas, o por lo menos ajenas a lo preexistente, cosas que resuenan en nuestras mentes, cosas imaginadas o inventadas, cosas traídas, en último termino, seguramente del país de los sueños.




miércoles, 6 de enero de 2010

Sopas de ajo


Al calor de la lumbre y de la niña de mi corazón, rememoro los recuerdos que atesoro de mi abuela en la memoria. Al fuego hierve un puchero con sopas de ajo, una receta de antaño; es entonces cuando el aroma a pimentón, ajo y laurel me transportan a una cocina que no es la mía, a la cocina donde siempre observé a mi abuela mientras guisaba o fregaba, siempre cantando suavemente, en muy baja voz, como para sí misma, ignorando a ese menudo observador que era yo.

Era una mujer atareada, siempre atenta a los suyos; de carácter, con una fuerza vital que la hacían incansable. De gran devoción, especialmente hacia la Virgen María y los santos, a los que recurría mucho a fin de proteger a los suyos o cuando los necesitaba a la hora de encontrar algo perdido, en cuyo caso se pedía ayuda a San Antonio. Recuerdo los rosarios que rezaba junto a mi abuelo cada vez que salíamos hacia el pueblo, a fin de salvaguardarnos de cualquier accidente, un murmullo incesante, incomprensible que nos acompañaba en todos los viajes.

Y otra vez el aroma de las especias de la tierra que la vio nacer, de un pueblecito de la provincia de Zamora, demasiado pequeño como para aparecer en los mapas y que el destino quisiera que abandonase por las tierras del norte de España, tan diferentes y tan plagadas de gentes llegadas de las cuatro esquinas de la península. Llegó a causa del trabajo del que fue mi bisabuelo, y vivió entregada al trabajo para ayudar a sacar adelante a los suyos. Trabajó siempre, hasta que no tuvo más que dar, hasta que su incansable cuerpo necesitó descansar de una vida sin descanso, merecido descanso que duró para siempre.

Mis ojos se humedecen por el recuerdo y vuelvo a aspirar el aroma a pimentón, ajo y laurel, como en su cocina, cuando aún era niño y mi abuela canturreaba entre fogones, ajena a ese menudo observador que era yo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Pensamiento lineal


A lo largo de mi vida he llegado a la conclusión de que, en general, existen dos tipos de pensamiento. Por un lado el pensamiento lineal, y por otro, el pensamiento, llamémosle tridimensional o no lineal. Lo explicaré con un sencillo ejemplo fruto de de mi trabajo con niños y espadas, dos cosas que no recomiendo juntar en casa.

Cuando un niño es libre de coger cuantas espadas desee, comenzará cogiendo una espada y se sentirá poderoso; después cogerá otra y se sentirá doblemente poderoso. Esta realidad hace que el niño asimile una ecuación lineal que reza:

"Cuantas más espadas, más poderoso soy"

La consecuencia directa de este pensamiento lineal es que el niño intenta moverse a la vez que sujeta unas cuatro o cinco espadas, sirviéndose de piernas y sobacos para sujetar las que no alcanzan en sus manitas. Es en ese preciso momento cuando recibe un atisbo de pensamiento tridimensional o no lineal, y deja caer todas las espadas que no puede manejar, quedándose con las dos espadas que suponen el óptimo de armas con las que se puede luchar. Dudo que el niño resuelva entonces una nueva ecuación para la situación, ya que está suficientemente entretenido pegándole a alguien como para preocuparse mucho por lo que ha pasado, pero la ecuación que se deduce es:

"Una espada bien, dos espadas mejor y todo lo que aumente de dos será cada vez peor"

Parece algo obvio, pero en nuestra vida nos cuesta entender aquellas situaciones o ecuaciones que no siguen la linealidad, y este sencillo ejemplo, basado en la mente de un niño, nos puede enseñar mucho de como funciona nuestro cerebro a menos que se le eduque, cosa que desgraciadamente nos cuesta un gran esfuerzo a muchos, a otros toda una vida y a algunos tal vez dos o tres vidas.

martes, 8 de septiembre de 2009

Un amor perfecto



Hace muchos, muchos años existió un hombre de increíbles cualidades. La suya era una mente preclara, de una erudición legendaria. Gracias a pertenecer a la casta más favorecida de su tierra , pudo desarrollar su pensamiento hasta límites insospechados; tal fué su capacidad, que creo un mundo, un universo más bien, el universo de las ideas. En este universo introdujo todas sus ideas, que no eran pocas, y las de otros muchos, de su tiempo y de siglos anteriores y venideros. Obra magna fue esta, y por ello fue recordado por los siglos de los siglos.

En lo que para él fuera un acto de bondad, trasladó a la Perfección de todas las cosas a este perfecto universo, y allí la guardo de cuanto pudiera ocurrirle, pues no sin razón pensaba que la Perfección podría sufrir daño en el universo de las cosas mortales. Sin embargo, como veremos más adelante, esto tuvo consecuencias desastrosas para los pobres humanos amantes de las cosas bellas.

Aquel hombre murió tiempo después, pero su fama alcanzó todos los horizontes conocidos, y aún más allá. Su universo sobrevivió a su creador, y tan hermoso era que no fueron pocos los que alabaron tan magna obra y también decidieron verter sus ideas en el. Así fue como cada hombre pensante que creía en este universo ayudaba a darle vida, a perpetuarlo en el tiempo, a extender sus fronteras, hasta casi sobrepasar las del propio universo de las cosas mortales. Yo mismo fui uno de aquellos seducido por tan magna obra, yo recorrí este mundo sin parangón, y allí encontré la Perfección, de la que súbitamente me enamoré.

Mas la dicha no fue tan buena como en un principio creí. La Perfección vivía encerrada en este universo, exiliada del mundo de las cosas mortales, guarecida dentro de una jaula dorada y se negaba a escapar, a acompañarme en mi discurrir por la mortalidad. Qué lejos estaba mi amante, que dolor no poder recorrer este universo, mortal, es verdad, pero universo, donde tantas cosas bellas se podían encontrar. Así mi dicha muto en desdicha, alejado como estaba de mi amante, ¿cómo podía de este modo ser feliz?

Atrapado en un amor platónico como pocos, no tardé en sufrir de infelicidad a pesar de estar enamorado. Y es que la Perfección es una cruel amante, tan alejada de nuestro mundo que es incapaz de comprendernos, ni tan siquiera de amarnos un poco, pues en el fondo le repugnamos como seres mortales e imperfectos que somos. Así de triste podría haber acabado esta historia, que no pocas veces ha terminado con la felicidad de grandes y pequeños hombres como yo, pero gracias a los dioses, un final inesperado me esperaba mucho más cerca de lo que hubiera imaginado.

Cansado de la exigencia ilimitada de mi cruel amante, comencé a deambular como alma en pena por este mundo mortal tan lleno de vitalidad. Y así, poco a poco, fui reconociendo todas las cosas bellas de las que el mundo de las ideas había tomado molde para crear su perfección. Y me di cuenta de que, tan alejadas de la realidad, las cosas perfectas eran menos perfectas de lo que creía, ¿pues no era atributo inmejorable de cualquier cosa el existir en realidad?, ¿como iba a competir una idea con eso?. En estos pensamientos me encontraba cuando me topé con un hermoso joven, Optimo. No era perfecto, he de reconocerlo, pero tenía una belleza natural que aumentaba su atractivo de una manera sorprendente.

En un principio me resistí a abandonar mi amor ideal, mi romance, mi desdicha; pero a medida que iba conociendo a Optimo, fui olvidándome de mi hermosa y lejana Perfección. Las cosas con Optimo eran muy diferentes, con el podía pasear por este bello mundo, más real que cualquier otro y disfrutar verdaderamente de la vida de una manera perfecta. Si, de una manera perfecta.

Había sido muy feliz recorriendo el hermoso mundo creado hacía ya tanto tiempo, enamorándome de la hermosa Perfección; pero tanto tiempo alejado del mundo real, del mundo donde habito, me había llenado de desasosiego y desdicha. Pues me pasaba como al pez que estando en tierra carece del liquido elemento que lo sustenta y esta destinado a morir. Ahora, conocido Optimo, que no es más que lo mejor que nos encontramos en la vida, soy mucho más feliz. Porque lo mejor no tiene porque habitar en el universo de las ideas, lo podemos encontrar aquí mismo, es verdad que tendrá fallos, que podrá ser mejorado, que, en definitiva, no será perfecto, pero lo que indudablemente será, es real como la vida misma.

"Siempre aspiro a más, y soy feliz con lo que tengo"