martes, 10 de agosto de 2010

Escribiendo, escribiendo



Malos tiempos estos para mi objetivo de postear al menos una vez a la semana, pero he de dejar constancia de que no es desidia, ni abandono, ni olvido. La razón, sencilla, escribo en otros lugares, una "obra", algo que no postearé, pero que espero poder ofrecer por otros canales.

Un saludo a los lectores, tal vez mejor dicho, lectoras.

Un abrazo.

viernes, 16 de julio de 2010

"Ha": extremo afilado de la hoja

 
Cinco magníficas armaduras del periodo Sengoku dan la bienvenida a los visitantes que se internan en el fastuoso vestíbulo del Metropolitan. Su pose intenta recrear una vívida escena de lucha entre samurais, pero de una manera ciertamente extraña, incapaces de no contrastar con la arquitectura neoclásica del entorno. El conjunto resulta sobrecogedor. Las inertes efigies de los guerreros, cuyas máscaras asemejan los rostros de los demonios del inframundo, parecen buscarse entre si, como en una lucha congelada en el tiempo y transportada delicadamente a un nuevo escenario tan ajeno, a un templo de la modernidad que aspira a la grandeza de lo que una vez el hombre hiciera en la era de los dioses olímpicos. Un lugar extraño, una lucha inconclusa en un lugar extraño.

Esta maravilla es fruto de la última exposición del Metropolitan, "Bushido, el camino del guerrero", en la que muchos de los ricos fondos del museo van a ser expuestos coincidiendo con el aniversario del establecimiento del consulado nipón en Nueva York. Y es por este acontecimiento que Piero viene a la ciudad. 

Durante toda la mañana Piero ha recorrido las espaciosas salas del Metropolitan admirando la rica colección de armas y armaduras del país del sol naciente. Podría parecer un turista más, pero su comportamiento lo delata como alguien interesado en algo más que la mera visión del conjunto, de hecho ya ha sido amonestado en un par de ocasiones por acercarse demasiado a las piezas expuestas. Con sus gafas de montura metálica y su bloc de notas, pasaría por un estudiante o un investigador aficionado, pero en realidad sus conocimientos sobre estas y otras muchas armas sobrepasan en mucho a los de cualquiera de los expertos presentes en el museo.

Junto a él, Charly, el compañero de Emily. Piero y Charly no se conocían, pero Emily insistió en que Piero fuese acompañado por Charly en su visita, más en calidad de chófer que otra cosa, puesto que su trabajo no le permitiría reunirse con ambos hasta la tarde. Existe un parecido razonable entre ambos, al menos exteriormente, cuerpo fibrado, pelo oscuro, gafas y perilla; ignorado el aspecto, sus comportamientos marcan las diferencias internas. Piero, conocedor del ámbito de la muestra, explica pacientemente a Charly cuantas peculiaridades pueden encontrarse en las diferentes armas y armaduras presentes. A su vez, éste último atiende cual alumno aplicado, con esa capacidad de atención que sólo los niños muestran al posar por primera vez sus inocentes ojos en un mundo que los sobrepasa.

Mas tarde, una vez fuera del museo, sentados sobre la verde hierba de Central Park, Piero volverá a esa reflexión, a notar lo diferentes que son en su interior él y Charly. Le explicará la diferencia entre las castañas dulces y amargas, el porque las amargas son abandonadas sobre la hierba y nadie las come; y se sorprenderá por ello, de lo alejado que se encuentra Charly de su entorno, de su capacidad de asombro y de su ignorancia, más propias de un niño que de alguien de su edad, prácticamente la misma que él.

Tan diferentes en unos aspectos, con ciertas semejanzas exteriores y un nexo común, ella.

En realidad a Piero le agradó Charly y se sintió a gusto en su compañía, de lo contrario las cosas hubiesen sido muy diferentes. Como luego descubrió Piero, Charly se sentía muy incomodo con su presencia en la ciudad, no conocía lo que había pasado entre él y Emily, no exactamente, pero si lo suficiente para estar intranquilo. El agradarle se convirtió en su mejor garantía de que nada malo sucediera.

No obstante, para Piero fue una sorpresa encontrarla con un hombre tal. Ella era una mujer iniciada, conocedora de vías que hasta a él mismo le causaban respeto a pesar de su entrenamiento de guerrero. Una vidente, de las Hijas de Selene. Y Charly era, bueno, técnico ascensorista, un hombre corriente. Nada malo desde luego, pero se le antojaba escaso en potencial, sobre todo en comparación con Emily. Tal vez su preocupación viniese del hecho de que entre él y Emily no fructificara nada y se sintiese responsable de la situación actual. Pero que podía hacer él después de lo pasado, como Siervo de Neit, poco más podría haber hecho.

De cualquier forma, no eran estas las preocupaciones que lo habían traído de regreso a la ciudad,  aún debía examinar los datos recogidos en el museo. Sabía que entre todas las piezas examinadas se encontraba la que buscaba, aquella que utilizó el maestro Onmyoji hacía ya tanto tiempo. Cuando la encontrase, Emily le sería de gran ayuda.




martes, 29 de junio de 2010

Recreare




recrear.
(Del lat. recreāre).

1. tr. Crear o producir de nuevo algo.

2. tr. Divertir, alegrar o deleitar. U. t. c. prnl.


Recrear, curiosa circunstancia la de volver la mirada hacia el pasado buscando dios sabe que, para acabar recorriendo ruinas y vestigios del pasado ataviado con ropajes de otro tiempo a precios de este.

Y es que últimamente, no he tenido un fin de semana en el que no haya viajado con la mente y mi vestuario a tiempos pretéritos. ¿Cómo he llegado a esta circunstancia? No lo se exactamente. Es verdad que desde ya hace mucho he sentido una gran atracción por los trajes de otras épocas, buscando en mercados y mercadillos ropas de segunda mano que pudiera aprovechar, no perdiendo ocasión en la que lucir un buen disfraz, el cual podría ser mejor definido como traje; y en general, coleccionando ropa... poco habitual.

Sin embargo, desde no hace tanto, acompañado de una gente desde luego maravillosa que comparte hasta cierto punto esta sencilla locura, me he visto inmerso en lo que pasa de disfrazarse a vestirse y de pasear a recrear.

¿Y que significa recrear? Pues esto mismo me pregunte cuando, una de tantas veces, me acerqué a la página de mi querida RAE. 

Visto está, se trata de crear algo nuevo, y como no, de divertirse, alegrarse y deleitarse.

Sea pues, el demiurgo regresará una vez más, y donde una vez creó, recreará.


sábado, 19 de junio de 2010

Una vez más extraño


Hacía ya tiempo que no sufría esta penosa sensación que se da al sentir la fuerza adversa de la corriente dominante. Esa presión a la que se ve sometido nuestro ser en tanto en cuanto lucha por vencer una inercia social que nos arrastra hacia lo común, hacia algo que, para nuestra desgracia, no es de nuestro interés, pero sí del interés del más común de los mortales.

Ya hace mucho tiempo de la primera vez, y ya hace mucho que mi rareza fue izada cual bandera, verde, sin duda, de mi independencia. Y aún así se hace penoso volver a soportar esa inmunda fuerza que nos pretende doblegar al gusto de lo general.

Tal vez se trate de un imperativo biológico, instintivo, que nos haya permitido alcanzar el obsceno éxito como especie del que hoy disfrutamos,  una fuerza que nos guiaría como aquella que coordina el vuelo de los pájaros, el transitar de las hormigas o el fluir de un banco de peces en el mar. Porque en todos estos casos la independencia es la muerte, es ser sometido al escrutinio siempre amenazador de la selección natural frente a la segura protección de la masa, donde aunque sólo por estadística esta la supervivencia.

Es por eso que navegar sólo es duro, por los peligros del océano así como de la incomprensión y acaso rechazo del banco abandonado, ya que una vez dejado, ¿cómo regresar?

Y de cualquier modo, en verdad, ¿quién puede regresar a un lugar donde nunca ha estado?


martes, 15 de junio de 2010

Oh destino!! O se ofrece doble licenciado para trabajos sencillos...


Decir que me encuentro en una encrucijada, sería pecar de positivo. En realidad desde mi visión actual creo que me encuentro más bien atascado en el devenir del imparable tiempo, enrolado en una marcha sin descanso ni destino más allá de la fatalidad...

Dos fértiles años abonados por sendas becas y el ya habitual  trabajo en el exilio estival me han acostumbrado a una vida, tal vez, demasiado fácil. Y ahora, -"Oh destino!!"- vuelvo a declamar-"¿Qué será de mí?"

Ya se acerca el estío, ya llegaron las oscuras y tantas veces mencionadas golondrinas de su refugio invernal, ya no queda tiempo para la que fue la vana esperanza de ser llamado al exilio. Las arcas de los que fueran mis patrones, vacías, desechas, y con ellas, pronto, las mías. O quizás aún no sea tarde, quizás, como en otras ocasiones avisen con tal tardanza que ni tiempo tengamos para preparar nuestra marcha. Pero no, es otra vez vana esperanza, en realidad acomodada desidia que se niega a tomar el mando de un timón tanto tiempo olvidado, de un barco que zozobra, de un barco que se dejaba llevar por las corrientes de la emperatriz del mundo.

-"Oh Fortuna!!"- pues ya sólo queda encomendarme a quien lo hacen los locos y los necios...

Al menos una certeza podrá guiarme en este mar de dudas, sera por necio, que no por loco.



viernes, 4 de junio de 2010

Pared en blanco



Parece mentira, entre unos, otros y ningunos, todo un mes que ha quedado vacío, sin una mísera palabra que rellene, o ensucie, según se mire, este inmenso espacio que es la red de redes.

Desde luego es curioso como escribimos y escribimos,  miles de millones de humanos, escribiendo sin descanso en esta enorme pared en blanco, sin importarnos a donde han de llegar nuestras palabras, si acaso serán leídas para nuestro secreto goce, si importunarán a alguien o a ninguno. Porque siendo tan grande este espacio, ¿a quien le importan mis escritos?

Dicen que ya los romanos eran aficionados a dejar escrito su garabato allí por donde pasasen, y especialmente en las letrinas, lugar sin duda muy a propósito para elucubraciones intelectuales tanto como para dejar escrito que tal o cual estuvo aquí. Supongo que nos viene de antiguo esta costumbre.

Y de nuevo la pregunta, ¿para qué?

Quién sabe... ya nos lo dirán los arqueólogos del futuro, que van a tener que lidiar con una ingente y demoledora cantidad de documentos que, en verdad, importan a nadie.

miércoles, 28 de abril de 2010

Frios susurros


Los oscuros corredores habían sido abandonados hacía mucho tiempo, y sin embargo, algo permanecía de todo lo que en ellos hubo. A veces una impronta especial permanece en aquellos lugares donde se ha practicado determinado tipo de magia, y este, era uno de esos lugares.

El desconocido tardó en darse cuenta de los silenciosos pasos que, tras las esquinas, vigilaban sus movimientos. En un primer momento pensó en que acaso aún permaneciera alguno de los olvidados habitantes de este enclave, y fue por ello que deambuló por vacías salas y pasillos hasta recorrer todos los confines de este inhóspito lugar, hasta cerciorarse de que no había más vida que la que el mismo representaba.

No era nada vivo lo que percibió en las frías salas, ni vivo ni muerto, pues lo que encontró era algo que se arrastraba entre este mundo y el otro, sin pertenecer a ninguno de ellos, pero deseoso de acceder a un cuerpo donde medrar, al que parasitar el pensamiento hasta poder llegar a ser de verdad. Todo un conjunto de cuasirealidades en busca de una entrada, de una mente incauta que las alimente, que las nutra hasta la extenuación, para poder ser donde de momento no son.

Lo que lo acechaban eran susurros no pronunciados, pensamientos inconclusos, palabras veladas dispuestas a ser escuchadas. Unas eran desconsoladas llamadas de niños, pidiendo auxilio o un sencillo abrazo; otras voces que prometían grandes secretos a quien les diera crédito, algunas susurros obscenos de un amante apasionado, pero todas falsas, ninguna real.

Viendo esto el desconocido, abandonó una vez más los vetustos corredores y las desoladas salas que una vez hollara, pues al fin y al cabo, en este lugar parasitado no buscaba nada.