lunes, 16 de agosto de 2010

Leona de venecia




En la nebulosa esfera de los dominios de Morfeo...


...paseaba por callejas y callejones atestados de puestos de la Serenísima, mil y una mercancías traídas de oriente y occidente se agolpaban por mesas y paredes, cubriéndolo todo, apenas dejando ver nada que no estuviera en venta. Caminé disfrutando de la majestuosa decadencia de los edificios de la antaño gloriosa Venecia, sin detenerme atravesé Rialto, el más imponente paso sobre el Gran Canal, siempre rodeado de mercaderías. No encontraba buena espada alguna, todas eran traídas de oriente o de la antaño gloriosa Toledo.

Y así alcancé un callejón repleto de bestias enjauladas. Había simios, felinos, reptiles y otros animales de exóticos orígenes. Pero lo que me impresionó se encontraba al fondo del callejón, tras una arcada que daba paso a un patio amplio. Allí vi el paso de una enorme fiera, una leona de pelaje dorado que caminaba sin cadena alguna. Dos hombres intentaban controlarla.

Al acercarme un poco más, pude ver que dos de sus crías, de pelaje también dorado, muy cerca de la leona, quien las protegía con celo maternal. En ese momento la leona se acercó a los que allí estábamos en actitud amenazante, yo me retiré pero una mujer aprovechó para coger a una de las crías y apartarla de su madre.

Los acontecimientos posteriores son nebulosos, quede tumbado ante el sobresalto de la leona y poco o nada vi. Todo se hizo oscuro.

Oí gritos o jadeos entrecortados de la mujer y supuse que la leona estaba acabando con su vida. Nada vi en la oscuridad.

Note el tacto en mis piernas, note el  bulto que era mi torso debajo de las mantas... entonces supe que era la leona...

...y desperté en la oscuridad de mi cuarto, sobresaltado, y aún sintiendo la sangre en mis garras y su sabor en mi boca.




martes, 10 de agosto de 2010

Escribiendo, escribiendo



Malos tiempos estos para mi objetivo de postear al menos una vez a la semana, pero he de dejar constancia de que no es desidia, ni abandono, ni olvido. La razón, sencilla, escribo en otros lugares, una "obra", algo que no postearé, pero que espero poder ofrecer por otros canales.

Un saludo a los lectores, tal vez mejor dicho, lectoras.

Un abrazo.

viernes, 16 de julio de 2010

"Ha": extremo afilado de la hoja

 
Cinco magníficas armaduras del periodo Sengoku dan la bienvenida a los visitantes que se internan en el fastuoso vestíbulo del Metropolitan. Su pose intenta recrear una vívida escena de lucha entre samurais, pero de una manera ciertamente extraña, incapaces de no contrastar con la arquitectura neoclásica del entorno. El conjunto resulta sobrecogedor. Las inertes efigies de los guerreros, cuyas máscaras asemejan los rostros de los demonios del inframundo, parecen buscarse entre si, como en una lucha congelada en el tiempo y transportada delicadamente a un nuevo escenario tan ajeno, a un templo de la modernidad que aspira a la grandeza de lo que una vez el hombre hiciera en la era de los dioses olímpicos. Un lugar extraño, una lucha inconclusa en un lugar extraño.

Esta maravilla es fruto de la última exposición del Metropolitan, "Bushido, el camino del guerrero", en la que muchos de los ricos fondos del museo van a ser expuestos coincidiendo con el aniversario del establecimiento del consulado nipón en Nueva York. Y es por este acontecimiento que Piero viene a la ciudad. 

Durante toda la mañana Piero ha recorrido las espaciosas salas del Metropolitan admirando la rica colección de armas y armaduras del país del sol naciente. Podría parecer un turista más, pero su comportamiento lo delata como alguien interesado en algo más que la mera visión del conjunto, de hecho ya ha sido amonestado en un par de ocasiones por acercarse demasiado a las piezas expuestas. Con sus gafas de montura metálica y su bloc de notas, pasaría por un estudiante o un investigador aficionado, pero en realidad sus conocimientos sobre estas y otras muchas armas sobrepasan en mucho a los de cualquiera de los expertos presentes en el museo.

Junto a él, Charly, el compañero de Emily. Piero y Charly no se conocían, pero Emily insistió en que Piero fuese acompañado por Charly en su visita, más en calidad de chófer que otra cosa, puesto que su trabajo no le permitiría reunirse con ambos hasta la tarde. Existe un parecido razonable entre ambos, al menos exteriormente, cuerpo fibrado, pelo oscuro, gafas y perilla; ignorado el aspecto, sus comportamientos marcan las diferencias internas. Piero, conocedor del ámbito de la muestra, explica pacientemente a Charly cuantas peculiaridades pueden encontrarse en las diferentes armas y armaduras presentes. A su vez, éste último atiende cual alumno aplicado, con esa capacidad de atención que sólo los niños muestran al posar por primera vez sus inocentes ojos en un mundo que los sobrepasa.

Mas tarde, una vez fuera del museo, sentados sobre la verde hierba de Central Park, Piero volverá a esa reflexión, a notar lo diferentes que son en su interior él y Charly. Le explicará la diferencia entre las castañas dulces y amargas, el porque las amargas son abandonadas sobre la hierba y nadie las come; y se sorprenderá por ello, de lo alejado que se encuentra Charly de su entorno, de su capacidad de asombro y de su ignorancia, más propias de un niño que de alguien de su edad, prácticamente la misma que él.

Tan diferentes en unos aspectos, con ciertas semejanzas exteriores y un nexo común, ella.

En realidad a Piero le agradó Charly y se sintió a gusto en su compañía, de lo contrario las cosas hubiesen sido muy diferentes. Como luego descubrió Piero, Charly se sentía muy incomodo con su presencia en la ciudad, no conocía lo que había pasado entre él y Emily, no exactamente, pero si lo suficiente para estar intranquilo. El agradarle se convirtió en su mejor garantía de que nada malo sucediera.

No obstante, para Piero fue una sorpresa encontrarla con un hombre tal. Ella era una mujer iniciada, conocedora de vías que hasta a él mismo le causaban respeto a pesar de su entrenamiento de guerrero. Una vidente, de las Hijas de Selene. Y Charly era, bueno, técnico ascensorista, un hombre corriente. Nada malo desde luego, pero se le antojaba escaso en potencial, sobre todo en comparación con Emily. Tal vez su preocupación viniese del hecho de que entre él y Emily no fructificara nada y se sintiese responsable de la situación actual. Pero que podía hacer él después de lo pasado, como Siervo de Neit, poco más podría haber hecho.

De cualquier forma, no eran estas las preocupaciones que lo habían traído de regreso a la ciudad,  aún debía examinar los datos recogidos en el museo. Sabía que entre todas las piezas examinadas se encontraba la que buscaba, aquella que utilizó el maestro Onmyoji hacía ya tanto tiempo. Cuando la encontrase, Emily le sería de gran ayuda.




martes, 29 de junio de 2010

Recreare




recrear.
(Del lat. recreāre).

1. tr. Crear o producir de nuevo algo.

2. tr. Divertir, alegrar o deleitar. U. t. c. prnl.


Recrear, curiosa circunstancia la de volver la mirada hacia el pasado buscando dios sabe que, para acabar recorriendo ruinas y vestigios del pasado ataviado con ropajes de otro tiempo a precios de este.

Y es que últimamente, no he tenido un fin de semana en el que no haya viajado con la mente y mi vestuario a tiempos pretéritos. ¿Cómo he llegado a esta circunstancia? No lo se exactamente. Es verdad que desde ya hace mucho he sentido una gran atracción por los trajes de otras épocas, buscando en mercados y mercadillos ropas de segunda mano que pudiera aprovechar, no perdiendo ocasión en la que lucir un buen disfraz, el cual podría ser mejor definido como traje; y en general, coleccionando ropa... poco habitual.

Sin embargo, desde no hace tanto, acompañado de una gente desde luego maravillosa que comparte hasta cierto punto esta sencilla locura, me he visto inmerso en lo que pasa de disfrazarse a vestirse y de pasear a recrear.

¿Y que significa recrear? Pues esto mismo me pregunte cuando, una de tantas veces, me acerqué a la página de mi querida RAE. 

Visto está, se trata de crear algo nuevo, y como no, de divertirse, alegrarse y deleitarse.

Sea pues, el demiurgo regresará una vez más, y donde una vez creó, recreará.


sábado, 19 de junio de 2010

Una vez más extraño


Hacía ya tiempo que no sufría esta penosa sensación que se da al sentir la fuerza adversa de la corriente dominante. Esa presión a la que se ve sometido nuestro ser en tanto en cuanto lucha por vencer una inercia social que nos arrastra hacia lo común, hacia algo que, para nuestra desgracia, no es de nuestro interés, pero sí del interés del más común de los mortales.

Ya hace mucho tiempo de la primera vez, y ya hace mucho que mi rareza fue izada cual bandera, verde, sin duda, de mi independencia. Y aún así se hace penoso volver a soportar esa inmunda fuerza que nos pretende doblegar al gusto de lo general.

Tal vez se trate de un imperativo biológico, instintivo, que nos haya permitido alcanzar el obsceno éxito como especie del que hoy disfrutamos,  una fuerza que nos guiaría como aquella que coordina el vuelo de los pájaros, el transitar de las hormigas o el fluir de un banco de peces en el mar. Porque en todos estos casos la independencia es la muerte, es ser sometido al escrutinio siempre amenazador de la selección natural frente a la segura protección de la masa, donde aunque sólo por estadística esta la supervivencia.

Es por eso que navegar sólo es duro, por los peligros del océano así como de la incomprensión y acaso rechazo del banco abandonado, ya que una vez dejado, ¿cómo regresar?

Y de cualquier modo, en verdad, ¿quién puede regresar a un lugar donde nunca ha estado?


martes, 15 de junio de 2010

Oh destino!! O se ofrece doble licenciado para trabajos sencillos...


Decir que me encuentro en una encrucijada, sería pecar de positivo. En realidad desde mi visión actual creo que me encuentro más bien atascado en el devenir del imparable tiempo, enrolado en una marcha sin descanso ni destino más allá de la fatalidad...

Dos fértiles años abonados por sendas becas y el ya habitual  trabajo en el exilio estival me han acostumbrado a una vida, tal vez, demasiado fácil. Y ahora, -"Oh destino!!"- vuelvo a declamar-"¿Qué será de mí?"

Ya se acerca el estío, ya llegaron las oscuras y tantas veces mencionadas golondrinas de su refugio invernal, ya no queda tiempo para la que fue la vana esperanza de ser llamado al exilio. Las arcas de los que fueran mis patrones, vacías, desechas, y con ellas, pronto, las mías. O quizás aún no sea tarde, quizás, como en otras ocasiones avisen con tal tardanza que ni tiempo tengamos para preparar nuestra marcha. Pero no, es otra vez vana esperanza, en realidad acomodada desidia que se niega a tomar el mando de un timón tanto tiempo olvidado, de un barco que zozobra, de un barco que se dejaba llevar por las corrientes de la emperatriz del mundo.

-"Oh Fortuna!!"- pues ya sólo queda encomendarme a quien lo hacen los locos y los necios...

Al menos una certeza podrá guiarme en este mar de dudas, sera por necio, que no por loco.



viernes, 4 de junio de 2010

Pared en blanco



Parece mentira, entre unos, otros y ningunos, todo un mes que ha quedado vacío, sin una mísera palabra que rellene, o ensucie, según se mire, este inmenso espacio que es la red de redes.

Desde luego es curioso como escribimos y escribimos,  miles de millones de humanos, escribiendo sin descanso en esta enorme pared en blanco, sin importarnos a donde han de llegar nuestras palabras, si acaso serán leídas para nuestro secreto goce, si importunarán a alguien o a ninguno. Porque siendo tan grande este espacio, ¿a quien le importan mis escritos?

Dicen que ya los romanos eran aficionados a dejar escrito su garabato allí por donde pasasen, y especialmente en las letrinas, lugar sin duda muy a propósito para elucubraciones intelectuales tanto como para dejar escrito que tal o cual estuvo aquí. Supongo que nos viene de antiguo esta costumbre.

Y de nuevo la pregunta, ¿para qué?

Quién sabe... ya nos lo dirán los arqueólogos del futuro, que van a tener que lidiar con una ingente y demoledora cantidad de documentos que, en verdad, importan a nadie.