miércoles, 15 de diciembre de 2010

To wash or not to wash



No parece que esta entrada vaya a descubrir los entresijos del universo, ni mucho menos pretender buscar el origen del pensamiento humano, pero no puedo por menos que escribir unas líneas a algo tan cotidiano como fregar los platos.

En realidad lo que quiero hacer es contraponer dos situaciones tan dispares como lo son tener que discutir por unos platos que llevan dos días (de calendario) en el fregadero sin ser limpiados y discutir para impedir que tu pareja friegue, porque ya ha hecho suficiente.

Como bien he dicho, poco trascendental la situación; pero que en el fondo, bien puede usarse como piedra angular de la convivencia, o como mínimo, como un buen indicador de la existencia o ausencia de la misma.

Escribo esto para ser consciente de estas dos realidades que para bien o para mal he vivido personalmente gracias a las personas que en un tiempo u otro he elegido para compartir vida, casa y, como no, fregado.

Sólo me queda dar gracias a los dioses por estar acompañado ahora por quien se preocupa por fregar tanto como yo; y recordarme a mi mismo lo fácil que se olvida lo que fueron unos platos que, en un momento pretérito, pernoctaron hacinados en un pequeño cubículo metálico a la espera de alguien que los rescatase.

A veces las cosas simples significan mucho, otras, demasiado.

martes, 7 de diciembre de 2010

La vida florece, a pesar de Liebig




En general no me quejo de mi vida, puesto que he de admitir que vivo bien. Adicionalmente, teniendo en cuenta que me considero una persona libre y con capacidad para elegir su camino, no puedo quejarme del rumbo que toma mi existencia, elegido por mi mismo como ha sido.

Pero a veces... que duro es mirar hacia un futuro incierto (como si hubiera futuros con garantía) y no dejarse llevar por la angustia existencial. Especialmente cuando los dineros se van agotando y los ingresos no se prometen continuos.

Es en esos momentos en los que decido mirar a mi alrededor, realizar una breve auditoría de mi vida, mi entorno, mis sueños y mis logros con la sana intención de recordarme que estoy vivo, de que no es mi vida un valle de lágrimas y ,muy al contrario, soy una persona muy afortunada gracias a las personas que me rodean y a las circunstancias donde me ha tocado vivir. Pero luego viene Liebig...

¿Y quién es ese Liebig, si puede saberse?, se preguntará alguno, pues un alemán ya hace tiempo fallecido famoso por dos logros. El primero, y el que mayor fortuna le reportó, por crear un extracto de carne gracias a un proceso de su invención. Esto es algo que dudo me afecte en lo más mínimo ni ahora ni nunca. Y en segundo lugar por formular la conocida como Ley de Liebeg, o Ley del mínimo, que establece que en el crecimiento vegetal lo importante no es aquello que abunda, si no el factor con menor presencia, el denominado factor limitante.

Pues bien, no siendo un vegetal debiera importarme poco esta ley tan interesante para la fisiología vegetal, pero me ha dado por pensar a mi que tal vez sea extrapolable a otros aspectos de la existencia.

Esta ley viene a decir que da igual todo lo que tengamos en cantidad suficiente, pues será aquello de lo que carezcamos lo que limitará nuestro crecimiento. Entiéndase crecimiento personal en lugar de vegetal y ya tenemos hecha la puñeta a nuestra existencia. Pues de ser esto así, y haciendo una simplificación cercana al absurdo pero a la vez muy comprensible, no importará si tenemos salud y amor careciendo de dinero, o dinero y amor careciendo de salud, pues lo que nos condiciona es aquello de lo que carecemos.

Lo cual, hablando mal y pronto, es una putada.

Por suerte nos queda el alivio de saber que los niveles mínimos son tan subjetivos que sería imposible determinar un valor objetivo de felicidad. Por lo tanto hagamos como la gata de mi madre, que es feliz con una caja de cartón donde meter aunque sea tan sólo una pata.


domingo, 28 de noviembre de 2010

Los caminos de Dios... o del Diablo

Últimamente no escribo demasiado, será desidia... pero bueno, mi intención es recuperar el ritmo de una vez a la semana. Como dicen por ahí: "De intenciones esta empedrado el camino del infierno", así que no se donde voy a acabar, si en el infierno por desidia o por lo que escribo cuando lo hago. La verdad es que entre una cosa y otra no paro de escribir de Dios y de sus mitos... cosas que tiene uno, eso y una hermana que últimamente lee demasiado un sólo libro, pero bueno, ese es otro tema, o no.

Así que para proseguir por mi camino, voy a publicar algo, aunque en realidad esto no es mío. Ya lo siento, pero me gusto mucho y quería tenerlo guardado en algún sitio seguro. (Después de la repentina muerte de mi ordenador, ya no me fío, así que lo dejo en manos de internet, ese gran ente disforma que espero que no se desconecte de momento).

Pues eso, aquí lo dejo, espero que os guste:


Laura Schlessinger es una conocida locutora de radio de los Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono.

Recientemente saltó la polémica (y más cuando se mezclan temas de religión y homosexualidad, donde cada persona interpreta lo que dice Dios y la Biblia de una manera distinta), cuando la presentadora atacó a los homosexuales.

Esta locutora ha dicho recientemente que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, versículos 18:22, y por tanto no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia.

Lo que a continuación transcribimos es una carta abierta dirigida a la Dra. Laura escrita por un residente en los Estados Unidos, que ha sido hecha pública en Internet (no tiene desperdicio):


 

   "Querida Dra. Laura:

   Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios.

   Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.

   De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

    1. Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?.

   2. El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que ésto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?.

   3. Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 5:19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no?. He intentado preguntarlo pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

   4. Tengo un vecino que insiste en trabajar en el sábado. El Éxodo 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?.

   5. En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?.

   6. La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que ésto está expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?.

   7. Sé, gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?.

   8. Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).


Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda.
Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable."


Si os interesan este tipo de reflexiones, una recomendación literaria: "Reflexiones contra la religión", de Mark Twain, un tipo muy majo. 




lunes, 22 de noviembre de 2010

La llegada del joven señor



Heme aquí, Baltazar, maestre de la casa Oster, dispuesto a narrar los sucesos que acontecieron en los días posteriores a la llegada de mi joven señor, Sir Victor Oster, el tercero de la casa al que sirvo. De todas formas considero oportuno comenzar mi relato un poco antes, siquiera sea para poner al lector en antecedentes.

Sir Victor, hijo de Sir Galant Oster y Lady Elaine Widock, nació de la prometedora unión de dos casas nobles de no demasiada importancia, pero de intereses complementarios; la primera, una casa de rancio abolengo asentada en los valles septentrionales de las Montañas de la Luna, la segunda, una casa bien situada en las tierras del norte gracias a sus intereses mercantiles y su flota naviera. 

Sería injusto obviar que Sir Victor vino a este mundo acompañado de una hermana melliza, Lady Elaine, llamada así por su madre, orgullo de sus progenitores, pero para la que el destino guardaría una trágica y prematura desaparición. Precisamente fue este desastre el que marcaría su vida y con ella el destino de la casa Oster para siempre.

Habiendo sido llamado Sir Galant para una larga campaña por su señor más inmediato y sabiéndose estas tierras propensas a los ataques de los clanes salvajes, se decidió que madre y mellizos viajasen a los dominios de la casa Widock, tierras más civilizadas donde podrían disfrutar de una mayor seguridad.

El día en que Lady Elaine se despidió de los domésticos de Osterock, fortaleza de la casa, sería el último día que la viese, pues su viaje nunca permitió que barco alguno la trajese de vuelta.  Y no se fue sóla, pues la acompañó su tierna hija de igual nombre, dejando como único superviviente de una travesía maldita al que hoy es mi señor, el niño Victor Oster. A pesar del dolor que causó tamaña tragedia, el heredero de la casa estaba a salvo.

Tras este cruento viaje, Victor Oster fue llevado al amparo de su casa materna, donde su abuela Lady Ingrid Avery ocupó el lugar de su madre arrebatada por las aguas, dedicándose en cuerpo y alma a la educación de quien habría de convertirse en caballero y gobernante de nuestra noble casa.

Quiso el destino que este momento llegase prematuramente, a la joven edad de 18 años, cuando para gloria de nuestro buen rey, Sir Galant Oster perdiera la vida en defensa de su señor.

Así mi relato alcanza el brumoso día en que un grupo de gráciles veleros, con Sir Victor en la proa de uno de ellos, entrase en la bahía del Yule y atracasen en Yuleport. Los que pudieron contemplar la escena desde las torres de vigía del puerto describirían después la escena como una aparición casi faerica, con el joven caballero de cabellos dorados como elevado sobre las aguas de la bahía, surgido de entre la niebla cual aparición, hasta que los primeros rayos de sol de la mañana iluminaron su brillante armadura color rojo carmesí.

La sensación de aparición permaneció en tanto que, tras atracar, de las  naves descendió un séquito igual de joven que nuestro señor, dando la impresión de que nos visitase un noble elfo con su corte de niños perdidos. No serían pocos los que, a pesar de verse maravillados por la llegada del señor, no fueron capaces de confiar en que un muchacho imberbe de cabellos dorados, que había permanecido lejos de su dominio desde su más tierna infancia, fuera capaz de traer la paz y orden que los años de guerra habían arrebatado de la región.

Afortunadamente para él, y para todos nosotros, el castellano de su padre, William Todd, hombre leal y capaz, no tuvo duda alguna, y al encontrarse junto a su nuevo señor, hincó rodilla en tierra y ofreció su espada como signo de sumisión. Este hecho tranquilizó a muchos, pues William Todd, "el puño de los Oster", era capaz de acallar las dudas más persistentes con su sola presencia. Fue una imagen extraña, pues nuestro señor, apenas un niño, era agasajado por la impresionante mole de William, uno de los hombre más grandes de la región, quien aún agachado, casi sacaba una cabeza a nuestro joven señor.

Y así comenzó la vida de Sir Victor Oster como señor de Osterock y protector de Yuleport, con muchas dudas y un atractivo tal, que muchos hombres eran incapaces de sentirse cómodos en su presencia.



lunes, 25 de octubre de 2010

Horreur de ordenadeur




Como los comics que de pequeño leía, grito horreur, suponiendo que quiere decir horror, al ver como el único led que se enciende de mi ordenador da muestra de la catástrofe que ha acontecido. Un único led, verde, no verde esperanza, que ya quisiera; parpàdea por un segundo, para después retornar a su actual estado de mutismo y silencio. Ya no oigo el suave ronroneo del ventilador, ya no no me desespero por las mil y una funciones que mi querido "ventana con vistas" decide activar antes de poder dejarme escribir una sóla línea, ya no... porque murió. Sin avisar, porque nadie que posea ordenador puede pensar que un bloqueo más de losa habituales podía significar tanto, o tan poco. Y ya no está.

Ahora mendigo ordenador y acceso a la red, como un desahuciado digital, que carece de lo más básico. ¿Cómo responderé a un e-mail, cómo conoceré las opiniones de mis amigos al otro lado del globo y en la esquina de mi barrio, cómo podré saber que me ofrece la, ultimamente insulsa, cartelera de cine? Tantas cosas...

Hace poco escuché un término novedoso, fruto de nuestro tiempo: ignorante funcional. Al parecer aquella persona que carece de las dos herramientas más básicas de nuestro tiempo: el idioma del imperio y destreza con la maquina pensante. Con mi inglés tan oxidado como un trato viejo abandonado a la intemperie y muerta mi máquina pensante, ¿horreur! vuelvo a gritar, pues me estoy convirtiendo en un mendigo ignorante. Cuanta decadencia fruto de la desidia de un puñado de leds verdosos que han decidido apagarse para siempre.

¡Oh! ¡Destino! ¡Oh! ¡Dioses! Necesito un ordenador nuevo, a poder ser con un procesador y tarjeta gráfica más potentes...

lunes, 18 de octubre de 2010

Si yo fuera rico... tara ri ra ri ra ri



No volveré a repetirme al definirme como raro, pero el encontronazo que he sufrido hoy con la normalidad me ha dejado verdaderamente trastocado.

Pongámonos en situación, dentro de mi plan magistral para formar parte del bureau, asisto a clases de vasco, en las que puedo conocer gente de lo más variopinta, o mejor dicho, normal. Pues bien, hoy ha surgido el tema del dinero, o para ser más exactos, la idea de tener el dinero suficiente para no volver a trabajar. Dejando aparte los tópicos sobre si el dinero trae la felicidad o no, la mayor parte de la gente ha compartido la opinión de que, en el caso de tener tanto dinero, se aburrirían de no hacer nada.

Supongo que hasta aquí nada es necesariamente extraño, pero si se profundizaba en la idea, relucía un planteamiento espeluznante, por lo menos a mi entender. Se trata de lo siguiente, se aburrirían al carecer de un objetivo en la vida; objetivo que actualmente consiste en trabajar duro para poder acceder a la compra de un coche, en primer termino, y una casa en segundo.

De nada ha servido el proponerles viajar a lo largo y ancho de este mundo, puesto que también les terminaría cansando. Qué decir de estudiar algo de su interés, el estudio es visto únicamente como una vía para logar un trabajo cualificado. Ni siquiera he intentado explicarles la multitud de objetivos personales que se pueden desarrollar sin las limitaciones impuestas por tener que trabajar para ganarse el pan, o coche o lo que sea.

Todo esto me ha dejado francamente impresionado. Y aún ahora, cuando escribo estas lineas, me cuesta entender que haya personas cuyo único objetivo en la vida sea conseguir un trabajo para poder obtener coche y casa. 

De todas formas, lo que si entiendo es la soledad y sentimiento de hallarse perdido, a la deriva, de alguien que decide reflexionar sobre su propia vida desechando cualquier salvavidas emocional o camino mil y una veces recorrido por sus pares. Supongo que es el rechazo a esta angustia vital la que nos hace seguir las marcas dejadas por otros antes que nosotros, como una garantía de seguridad, aunque sea un camino marcado hacia el precipicio.



domingo, 17 de octubre de 2010

Dios, dioses.





ateo, a.

(Del lat. athĕus, y este del gr. ἄθεος).

1. adj. Que niega la existencia de Dios. Apl. a pers., u. t. c. s.

agnosticismo.

(De agnóstico).

1. m. Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia. 

creyente.


1. adj. Que cree, especialmente el que profesa determinada fe religiosa. U. t. c. s.


Muchas definiciones son estas, pero estando en darles vueltas llegué a una conclusión, sin ser humano, no puede haber Dios. 


Tal y como ya escribí en otro momento, estimo que la religión es una forma de organizar unas creencias sobrenaturales que un hombre sabio o shaman de una de las primeras tribus humanas tubo a bien crear para dar una forma a todo aquello que escapa a la gran mayoría de los mortales. Esta idea que surgiría entre nuestros más primitivos ancestros bien pudo significar una herramienta positiva frente a la competencia con otras tribus que careciesen de ella. 

Y en ese mundo sobrenatural, no pudo por menos que aparecer uno o varios dioses, como voluntades de lo incognoscible. Así debió de comenzar la idea de Dios. Puesto que, ¿podría haber existido Dios antes de existir el ser humano?. Si se trata de una idea o "meme", no; puesto que no puede existir una idea sin mente o voluntad que la piense o exprese.

Supongo que hay quien pueda pensar que si la naturaleza de Dios es la de la ideas pensadas por el ser humano, Dios no existe, pero creo que en este argumento se peca de simplificar las cosas o de buscar demostrar la inexistencia de un Dios definido por algunas religiones. Además, no es esa mi intención.

Lo que es innegable es que lo que es pensado, una idea, existe como tal, a pesar de no ser tangible. Negar la existencia de todo cuanto no puede medirse o verse con los ojos sería negar demasiadas cosas de un plumazo, ¿o acaso alguien puede darme las coordenadas de sentimiento alguno?

Partiendo de la base de que existen los sentimientos, pues todos los hemos experimentado, a pesar de no haberlos medido, ¿Dios podría existir como un sentimiento más dentro de nuestra compleja naturaleza?

La mayor parte de los comportamientos humanos pueden ser explicados desde la etología más sencilla, puesto que seres naturales somos, a pesar del pensamiento de que nos alejamos de lo natural. Pero existen algunos comportamientos que trascienden nuestros instintos y no pueden ser explicados tan fácilmente, ¿o no? Tal vez sólo sean comportamientos complejos en apariencia, pero con una base natural difícil de apreciar.

Sea como fuere, la misma idea de Dios y el sentimiento religioso podrían ser entendidos como otros sentimientos inherentes al ser humano, como es el caso de los celos, el amor, la compasión, el arte o el nacionalismo; ideas a las que por otra parte nadie osa negarles la existencia. Entonces, ¿porqué se niega la existencia de Dios? Tal vez sea porque sus defensores no son capaces de aceptar las limitaciones de una idea, o porque sus detractores son incapaces de aceptar una idea que les es tan contraria. 

Así las cosas, ¿no puede existir Dios como un sentimiento humano, como el amor o el odio o el arte o el nacionalismo?