miércoles, 5 de enero de 2011

Espacio parelelo o multiverso



Localizador universal de un elemento n-dimensional

Dentro de un universo dado n-dimensional, donde se puede definir un objeto, sujeto o ente como un punto con n-coordenadas, se puede llegar a establecer una reducción dimensional de forma que dicho elemento quede definido por una coordenada que se repite en los n universos paralelos existentes. 

coordenadas: x, y, z, t, w ... n

Es decir, todo elemento conserva un referente dimensional a través de todos los universos paralelos, de tal manera que este referente nos puede servir de indentificador o coordenada si se trabaja con diferentes universos; siempre y cuando el identificador de cada universo venga señalado con un subíndice que lo relacione con cada universo. De esta manera se pueden localizar elementos que comparten una base común dentro de varios de los universos existentes o multiverso.

coordenadas: w1, w2, w3, w4, ... wn


La variabilidad natural del multiverso nos dará elementos diferentes en base a la variación de las coordenadas del resto de dimensiones presentes en cada universo, pero manteniendo este identificador universal. Normalmente el desplazamiento a través del eje de dos coordenadas no pertenecientes al localizador, nos permiten encontrar la gran mayoría de espacios paralelos que no escapan de la ley de inevitabilidad probailística.

Ley de inevitabilidad probabilística

Para todo suceso dado se crean n probabilidades cuando n tiende a infinito. Sin embargo, debido a causas de inevitabilidad probabilística, no todas las probabilidades guardan la estabilidad necesaria para llegar a producirse, sin importar lo diversas de las condiciones del multiverso.




lunes, 3 de enero de 2011

Nuevo año, viejos temas


Nuevo año y revisión de proyectos que quedaron en la lista de tareas pendientes, lamentablemente, he llegado a la conclusión de que no puedo cumplir con algo que prometí hace ya bastante tiempo.(http://arenasrachidia.blogspot.com/2009/05/buffet-religioso.html)

He estado estudiando las bases de unas cuantas religiones, he pensado largo y tendido sobre ello y he llegado a dos conclusiones. La primera es que toda religión asume unos principios básicos que atañen a la esencia del ser humano y que permiten la convivencia social. Esto es, "No matarás", "Respetarás al prójimo"... etc. Principios éstos que se encuentran presentes en la moral de la mayoría dee los humanos, Dios o no mediante, a los que se podría denominar principios morales fundamentales.

En segundo lugar presentan una serie de ritos, normas o comportamientos que, aún siendo de segunda categoría respecto a los principios morales fundamentales, son lo que marcan la pertenencia o no a determinada religión. Son aquellos comportamientos que dan base a la religión, como comportamiento gregario de la humanidad. Toda espiritualidad que se escape de este tipo de práctica, es a mi entender ajena a la religión.


Ahora bien, examinados estos comportamientos religiosos, no les encuentro otra función que la de inducir un sentimiento de pertenencia y la de ayudar a los dirigentes de una religión dada para encauzar las vidas de sus fieles. No pretendo con esto realizar un juicio peyorativo de los mismos, pero me parece increible que ciertos ritos puedan tener cierta relevancia para la deidad que preside esas religiones.

A saber, el modo de encender una vela el viernes antes del sabbat judío, el hecho de taparse la cabeza o no, la ropa que ha de llevarse o no, el número de oraciones que han de repetirse... y un largo etcetera de ritos o comportamientos que pueden encontrarse en las diferentes religiones.

Lo que he echado en falta en la religión han sido consejos o ayudas para resolver conflictos normales entre uno mismo consigo mismo y con los demás. La máxima de "Amarás a tu prójimo" es demasiado amplia como para ser un buen consejo; y ni en "Amarás a [insertar deidad] sobre todas las cosas" ni en la miriada de ritos existentes he podido encontrar una vía útil para desarrollarse como ser humano consciente de sí mismo.

A modo de resumen, lo único que he encontrado en la religión son dos cosas: unos principios morales fundamentales básicos, también presentes en la carta de derechos humanos; y unos ritos que permiten diferenciar entre seguidor o no de cada determinada religión. Con estos datos el test que quise formular queda bastante sencillo:

Opción A: Espiritualidad con religión.

Opción B: Espiritualidad sin religión.

Opción C: Agnosticismo.

Opción D: Ateismo.

Y aún creo que he introducido demasiadas opciones... respecto a que religión elegir, normalmente la que nos enseñan por lugar de nacimiento, si no, la que más nos guste, aunque comprendo que así pierde mucho ese rollito místico de religión poseedora de la verdad revelada.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Y de repente todo pasa, o ha pasado...



No recuerdo bien quien lo dijo, aunque sabiéndome un completo inútil para recordar nombres, poco me extraña; el caso es que lo dijo: "La vida es aquello que te sucede mientras haces planes para vivirla". O por lo menos algo parecido.

Y la verdad es que me sorprendo a mi mismo siendo víctima de ese mismo pensamiento. Hoy he visto, una vez más, una vieja película de los ochenta, lo que me ha recordado la cantidad de tiempo que ha pasado desde la primera vez. Y es que miro a mi alrededor, en mi casa, donde vivo y gestiono mi propia vida, en la que decido las cosas grandes y las pequeñas; y me doy cuenta de que esta situación ha llegado como sin avisar. No hace cinco años vivía en casa con mi madre, ajeno a toda responsabilidad y ahora tengo dos facturas mensuales a mi nombre. 

He echado en falta una señal, un rito iniciático que me de acceso a esta nueva vida, que me avise al menos. Pero no, todo ha llegado lentamente, digo yo, o demasiado rápido para siquiera darme cuenta. Un enigma, pero evidente es que ha sucedido.

Y es que ni siquiera he tenido tiempo de imaginármelo, de pensar en que tipo de casa quiero tener, de crear y recrear una ilusión de lo que será mi casa, de tantas cosas en las que pensar.

Diré que de todas formas en nada me estresa este hecho, pues vivir, vivo, aunque lo haga, como a veces creo que hago, a salto de mata. Claro que tampoco conozco la experiencia de la mayoría de la gente que me rodea, y no sé si a ellos tampoco les salen los planes que ni siquiera han hecho.

Tal vez lo mejor del caso sea precisamente eso, no haber creado ninguna expectativa, pues suele ser madre de la frustración. Así que termino recordando algo que dijo alguien cuyo nombre obviamente olvido: "Vive el momento, pues ni el pasado ni el presente existen".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

To wash or not to wash



No parece que esta entrada vaya a descubrir los entresijos del universo, ni mucho menos pretender buscar el origen del pensamiento humano, pero no puedo por menos que escribir unas líneas a algo tan cotidiano como fregar los platos.

En realidad lo que quiero hacer es contraponer dos situaciones tan dispares como lo son tener que discutir por unos platos que llevan dos días (de calendario) en el fregadero sin ser limpiados y discutir para impedir que tu pareja friegue, porque ya ha hecho suficiente.

Como bien he dicho, poco trascendental la situación; pero que en el fondo, bien puede usarse como piedra angular de la convivencia, o como mínimo, como un buen indicador de la existencia o ausencia de la misma.

Escribo esto para ser consciente de estas dos realidades que para bien o para mal he vivido personalmente gracias a las personas que en un tiempo u otro he elegido para compartir vida, casa y, como no, fregado.

Sólo me queda dar gracias a los dioses por estar acompañado ahora por quien se preocupa por fregar tanto como yo; y recordarme a mi mismo lo fácil que se olvida lo que fueron unos platos que, en un momento pretérito, pernoctaron hacinados en un pequeño cubículo metálico a la espera de alguien que los rescatase.

A veces las cosas simples significan mucho, otras, demasiado.

martes, 7 de diciembre de 2010

La vida florece, a pesar de Liebig




En general no me quejo de mi vida, puesto que he de admitir que vivo bien. Adicionalmente, teniendo en cuenta que me considero una persona libre y con capacidad para elegir su camino, no puedo quejarme del rumbo que toma mi existencia, elegido por mi mismo como ha sido.

Pero a veces... que duro es mirar hacia un futuro incierto (como si hubiera futuros con garantía) y no dejarse llevar por la angustia existencial. Especialmente cuando los dineros se van agotando y los ingresos no se prometen continuos.

Es en esos momentos en los que decido mirar a mi alrededor, realizar una breve auditoría de mi vida, mi entorno, mis sueños y mis logros con la sana intención de recordarme que estoy vivo, de que no es mi vida un valle de lágrimas y ,muy al contrario, soy una persona muy afortunada gracias a las personas que me rodean y a las circunstancias donde me ha tocado vivir. Pero luego viene Liebig...

¿Y quién es ese Liebig, si puede saberse?, se preguntará alguno, pues un alemán ya hace tiempo fallecido famoso por dos logros. El primero, y el que mayor fortuna le reportó, por crear un extracto de carne gracias a un proceso de su invención. Esto es algo que dudo me afecte en lo más mínimo ni ahora ni nunca. Y en segundo lugar por formular la conocida como Ley de Liebeg, o Ley del mínimo, que establece que en el crecimiento vegetal lo importante no es aquello que abunda, si no el factor con menor presencia, el denominado factor limitante.

Pues bien, no siendo un vegetal debiera importarme poco esta ley tan interesante para la fisiología vegetal, pero me ha dado por pensar a mi que tal vez sea extrapolable a otros aspectos de la existencia.

Esta ley viene a decir que da igual todo lo que tengamos en cantidad suficiente, pues será aquello de lo que carezcamos lo que limitará nuestro crecimiento. Entiéndase crecimiento personal en lugar de vegetal y ya tenemos hecha la puñeta a nuestra existencia. Pues de ser esto así, y haciendo una simplificación cercana al absurdo pero a la vez muy comprensible, no importará si tenemos salud y amor careciendo de dinero, o dinero y amor careciendo de salud, pues lo que nos condiciona es aquello de lo que carecemos.

Lo cual, hablando mal y pronto, es una putada.

Por suerte nos queda el alivio de saber que los niveles mínimos son tan subjetivos que sería imposible determinar un valor objetivo de felicidad. Por lo tanto hagamos como la gata de mi madre, que es feliz con una caja de cartón donde meter aunque sea tan sólo una pata.


domingo, 28 de noviembre de 2010

Los caminos de Dios... o del Diablo

Últimamente no escribo demasiado, será desidia... pero bueno, mi intención es recuperar el ritmo de una vez a la semana. Como dicen por ahí: "De intenciones esta empedrado el camino del infierno", así que no se donde voy a acabar, si en el infierno por desidia o por lo que escribo cuando lo hago. La verdad es que entre una cosa y otra no paro de escribir de Dios y de sus mitos... cosas que tiene uno, eso y una hermana que últimamente lee demasiado un sólo libro, pero bueno, ese es otro tema, o no.

Así que para proseguir por mi camino, voy a publicar algo, aunque en realidad esto no es mío. Ya lo siento, pero me gusto mucho y quería tenerlo guardado en algún sitio seguro. (Después de la repentina muerte de mi ordenador, ya no me fío, así que lo dejo en manos de internet, ese gran ente disforma que espero que no se desconecte de momento).

Pues eso, aquí lo dejo, espero que os guste:


Laura Schlessinger es una conocida locutora de radio de los Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono.

Recientemente saltó la polémica (y más cuando se mezclan temas de religión y homosexualidad, donde cada persona interpreta lo que dice Dios y la Biblia de una manera distinta), cuando la presentadora atacó a los homosexuales.

Esta locutora ha dicho recientemente que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, versículos 18:22, y por tanto no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia.

Lo que a continuación transcribimos es una carta abierta dirigida a la Dra. Laura escrita por un residente en los Estados Unidos, que ha sido hecha pública en Internet (no tiene desperdicio):


 

   "Querida Dra. Laura:

   Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios.

   Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18:22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.

   De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:

    1. Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?.

   2. El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que ésto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?.

   3. Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 5:19-24). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no?. He intentado preguntarlo pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.

   4. Tengo un vecino que insiste en trabajar en el sábado. El Éxodo 35:2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?.

   5. En el Levítico 21:20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?.

   6. La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que ésto está expresamente prohibido por el Levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?.

   7. Sé, gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?.

   8. Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).


Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda.
Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable."


Si os interesan este tipo de reflexiones, una recomendación literaria: "Reflexiones contra la religión", de Mark Twain, un tipo muy majo. 




lunes, 22 de noviembre de 2010

La llegada del joven señor



Heme aquí, Baltazar, maestre de la casa Oster, dispuesto a narrar los sucesos que acontecieron en los días posteriores a la llegada de mi joven señor, Sir Victor Oster, el tercero de la casa al que sirvo. De todas formas considero oportuno comenzar mi relato un poco antes, siquiera sea para poner al lector en antecedentes.

Sir Victor, hijo de Sir Galant Oster y Lady Elaine Widock, nació de la prometedora unión de dos casas nobles de no demasiada importancia, pero de intereses complementarios; la primera, una casa de rancio abolengo asentada en los valles septentrionales de las Montañas de la Luna, la segunda, una casa bien situada en las tierras del norte gracias a sus intereses mercantiles y su flota naviera. 

Sería injusto obviar que Sir Victor vino a este mundo acompañado de una hermana melliza, Lady Elaine, llamada así por su madre, orgullo de sus progenitores, pero para la que el destino guardaría una trágica y prematura desaparición. Precisamente fue este desastre el que marcaría su vida y con ella el destino de la casa Oster para siempre.

Habiendo sido llamado Sir Galant para una larga campaña por su señor más inmediato y sabiéndose estas tierras propensas a los ataques de los clanes salvajes, se decidió que madre y mellizos viajasen a los dominios de la casa Widock, tierras más civilizadas donde podrían disfrutar de una mayor seguridad.

El día en que Lady Elaine se despidió de los domésticos de Osterock, fortaleza de la casa, sería el último día que la viese, pues su viaje nunca permitió que barco alguno la trajese de vuelta.  Y no se fue sóla, pues la acompañó su tierna hija de igual nombre, dejando como único superviviente de una travesía maldita al que hoy es mi señor, el niño Victor Oster. A pesar del dolor que causó tamaña tragedia, el heredero de la casa estaba a salvo.

Tras este cruento viaje, Victor Oster fue llevado al amparo de su casa materna, donde su abuela Lady Ingrid Avery ocupó el lugar de su madre arrebatada por las aguas, dedicándose en cuerpo y alma a la educación de quien habría de convertirse en caballero y gobernante de nuestra noble casa.

Quiso el destino que este momento llegase prematuramente, a la joven edad de 18 años, cuando para gloria de nuestro buen rey, Sir Galant Oster perdiera la vida en defensa de su señor.

Así mi relato alcanza el brumoso día en que un grupo de gráciles veleros, con Sir Victor en la proa de uno de ellos, entrase en la bahía del Yule y atracasen en Yuleport. Los que pudieron contemplar la escena desde las torres de vigía del puerto describirían después la escena como una aparición casi faerica, con el joven caballero de cabellos dorados como elevado sobre las aguas de la bahía, surgido de entre la niebla cual aparición, hasta que los primeros rayos de sol de la mañana iluminaron su brillante armadura color rojo carmesí.

La sensación de aparición permaneció en tanto que, tras atracar, de las  naves descendió un séquito igual de joven que nuestro señor, dando la impresión de que nos visitase un noble elfo con su corte de niños perdidos. No serían pocos los que, a pesar de verse maravillados por la llegada del señor, no fueron capaces de confiar en que un muchacho imberbe de cabellos dorados, que había permanecido lejos de su dominio desde su más tierna infancia, fuera capaz de traer la paz y orden que los años de guerra habían arrebatado de la región.

Afortunadamente para él, y para todos nosotros, el castellano de su padre, William Todd, hombre leal y capaz, no tuvo duda alguna, y al encontrarse junto a su nuevo señor, hincó rodilla en tierra y ofreció su espada como signo de sumisión. Este hecho tranquilizó a muchos, pues William Todd, "el puño de los Oster", era capaz de acallar las dudas más persistentes con su sola presencia. Fue una imagen extraña, pues nuestro señor, apenas un niño, era agasajado por la impresionante mole de William, uno de los hombre más grandes de la región, quien aún agachado, casi sacaba una cabeza a nuestro joven señor.

Y así comenzó la vida de Sir Victor Oster como señor de Osterock y protector de Yuleport, con muchas dudas y un atractivo tal, que muchos hombres eran incapaces de sentirse cómodos en su presencia.