domingo, 31 de julio de 2011

Un verano en el verano


Hace ya demasiado que no escribo, la verdad es que me están exprimiendo las ganas de escribir en mis estudios de euskera, y ni ganas de acercarme por aquí me quedan. Espero que cuando logre el Eusko-label pueda recuperar la costumbre de pasarme por aquí y dejar mis comentarios.

De momento disfruto del descanso estival respecto al euskera, en las tierras de verano, un caluroso Madrid donde el cielo es azul todos los días y se desconocen las nubes. Un lugar verdaderamente agradable viniendo de las tierras del frío invierno. Aunque, a decir verdad, poco descanso encuentro en un intensísimo curso de esgrima que, si bien me alegra estar haciendo, me está matando por agotamiento.

Eso sí, no hay como moverse y ver mundo para sentirse vivo, es más, creo que el horizonte de mi mundo va a expandirse convenientemente gracias a esta experiencia.

Me alegro de estar vivo, si sobrevivo a esto, claro. :)

domingo, 29 de mayo de 2011

Estadística del absurdo


Hace ya mucho tiempo que fui torturado con tener que estudiar estadística descriptiva y probabilidad, gracias a Dios aquello sólo duró cuatro años... Ya en aquella época dudaba de la veracidad de aquellos postulados y fórmulas. Como aficionado a juegos en los que se utilizan pruebas de azar, también en ese ámbito note que la estadística era una ciencia abstracta y la "suerte" una realidad que hacía lo que le daba la gana sin hacer caso alguno a los que las fórmulas dictasen.

Así que pensé: "Da igual que probabilidad tenga un suceso dado, la moneda puede caer 10 veces seguidas de cara"

De esa observación deduje una norma de probabilidad reducida o ampliada al absurdo, esto es: "Un suceso dado puede pasar o puede no pasar". Lo que nos deja las cosas entre dos opciones, osea un 50% de cada cosa. Y que las cosas si suceden, es porque tenían gran probabilidad de suceder, fueran cuales fueran los cálculos. Todo esto puede parecer una total tontería, pero bien visto, en nuestra vida a veces las cosas pasan sin que estadísticamente tengan ningún sentido, así que ¿por qué darle mayor sentido a la estadística?

Todo este razonamiento absurdo podría no haber trascendido de no ser por la lectura de un libro sobre filosofía que ponía en duda, al igual que yo,los conceptos de la estadística y la probabilidad. Y es que en ese libro un sesudo filósofo postulaba que las cosas puede o bien ocurrir o bien no ocurrir, sin importar sus probabilidades. Se trata sin duda del mismo pensamiento, o de la misma tontería, según se mire; pero que bien se queda uno cuando lee sobre algo que ya tenía en su propia mente.


Dios o los pimientos verdes


Es bien sabido que vivimos en un mundo donde la razón actúa como eje de nuestro pensamiento, y cómo ser de otra manera en un mundo donde la ciencia lo empapa todo. Es por ese motivo que aquellos que tienen fuertes creencias espirituales o metafísicas parecen querer casar ese racionalismo con algo como el sentimiento religioso. Supongo que es la manera de obtener la aprobación del pensamiento racional ante sentimientos que se escapan del ámbito de la razón por su propia naturaleza.

Pero hay un punto especialmente molesto donde también se realiza esta labor de otorgar una envoltura racional al ámbito religioso, se trata de el proselitismo religioso. En mundo donde se nos acostumbra a aceptar cualquier concepto científico cual dogma de nuestra civilización, aunque al más común de los mortales pueda parecerle cosa de magia, ¿cómo no aprovechar ese discurso para introducir la idea de Dios a través de argumentos racionales? Racionales digo, aunque lo sean únicamente en apariencia, así se utilizan argumentos que apelan a la lógica, a la ciencia o hasta al más burdo chantaje emocional. 

Y digo yo, ¿es que existe algún argumento de peso que me haga creer en Dios o seguir los dogmas de una religión? A mi entender no, y es imposible que exista tal cosa. Es aquí donde introduzco los pimientos verdes. El gusto por comer pimientos verdes es personal, hay a quien le gustan y a quien no, y punto. ¿Cabría la posibilidad de encontrar un argumento que explicase mi gusto por comer pimientos verdes y a la vez convenciese a alguien de que han de gustarle? Lo dudo, es algo que no se puede ni explicar, ni transmitir. Lo único que puedo decir es que a mi me gustan los pimientos verdes y que te recomiendo probarlos. 

Se que comparar a Dios con un gusto culinario puede parecer ridículo, pero a mi entender es igual de ridículo el intentar convencer a alguien de que crea en Dios como de que le gusten los pimientos verdes.

domingo, 1 de mayo de 2011

El arte de la esgrima


Aunque ya he hablado de esto, de lo que supone la práctica del deporte, quisiera matizar algo más la idea que tengo al respecto. Y aquí sí quiero dejar claro que me refiero a la práctica de esgrima, no de cualquier otro deporte; aunque tal vez mis reflexiones pudieran adoptarse también para otras disciplinas. Pretendo hacer notar la diferencia entre la competición deportiva y la práctica como aprendizaje de un arte.

Con el objetivo de conseguir una buena marca, si no la mejor, en una competición, se realiza un gran esfuerzo de entrenamiento y concentración. En el caso de lograr el objetivo, se disfruta de un momento de gloria. No obstante, en mi opinión personal este efímero momento de gloria requiere de un esfuerzo y sufrimiento, tanto propio como de los contrincantes, que no compensa en absoluto. Es claramente una cuestión de prioridades, pero en mi cálculo inversión/beneficio no obtengo un resultado que me agrade. Es por ello que no me convence la competición.

Es más, si nos adentramos un poco más en su aspecto filosófico, ese momento glorioso requiere necesariamente de frustrar y derrotar a un adversario que juega bajo las mismas reglas y busca la misma meta. Voy a depender constantemente de causar la derrota del contrincante. Esta situación es insostenible, pues nadie puede vencer siempre, por lo que puede acarrear una frustración que termine por apartarnos de la competición. Caso  este de algunos maestros que no compiten, pues es la única manera de esquivar la derrota.

Para continuar con el discurso definiré otra visión que considero puede tener la práctica de la esgrima, esto es: el arte de la esgrima. Apreciar la esgrima como un arte donde se consigue disfrutar del desarrollo de la frase de armas, del enfrentamiento de dos destrezas que buscan crear una estocada bella. 

Este arte es igualmente efímero, pero busca agradar a los dos contendientes. En verdad yo disfruto de una estocada bien ejecutada, ya sea propia o ajena. En este juego que es el duelo simulado se aprende y disfruta de la belleza del combate, sin importar quien vence. Si somos los que perdemos, tendremos la oportunidad de aprender de nuestros errores o de las destrezas del adversario. 

No quiero decir que en este tipo de arte no se busque la victoria, pero se discrimina el tipo de victoria que se consigue, puesto que demostrar la destreza de una bella estocada es más complejo que simplemente alcanzar al adversario con la punta de nuestra espada.

Por otro lado, todo el esfuerzo invertido en mejorar nuestra destreza será un bien que perdura, que no desaparece con el fin del combate; puesto que disfrutar de una estocada es un gozo que se puede disfrutar siempre, pues sobrepasa los límites de la capacidad física, es algo que implica un conocimiento del acero, algo que sólo puede aumentar con el paso del tiempo.


sábado, 30 de abril de 2011

Líneas rectas



Esto es un estracto de uno de los libros que he leido esta Semana Santa. Es una idea que yo mismo comparto desde hace tiempo y que transcribo aquí porque me ha gustado el modo de expresarlo. Un par de personajes conversan en un viaje a un espacio natural protegido al que acuden como turistas:

"-Qué alivio, estar lejos de líneas rectas-dijo un hombre delgado.
-¿En qué sentido?-preguntó Hari, fingiendo interés.
-Bien, las líneasrectas no existen en la naturaleza. Es preciso que los humanos las pongan allí.-Suspiró-.¿Me encanta estar libre de las líneas rectas!

Hari pensó en las agujas de pino, los estratos de roca metamórfica, el borde interior de una medialuna, los sedosos mechones de una telaraña, la línea de una rompiente, los diseños de los cristales, las blancas vetas de cuarzo sobre losas de granito, el horizonte de un lago en calma, las patas de las aves, las espinas del cacto, la embestida en flecha de un ráptor, los troncos de los árboles jóvenes, los jirones de nubes arrastradas por el viento, las fisuras en el hielo, los dos lados de la V de las aves migratorias, los carambanos."

Extraido de "El temor de la Fundación" de Gregory Benford.


Y es que, en la idea bucólica de la naturaleza que tiene el urbanita no hay espacio para la línea recta.

viernes, 8 de abril de 2011

Competir o no competir, he ahí la cuestión



deporte.

(De deportar).

1. m. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.

2. m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.


Una vez más recurro a la RAE para iniciar una entrada, esta vez queriendo reflexionar sobre lo que se considera el deporte. Y una vez más, me encuentro con que la definición que se muestra se corresponde fielmente con lo que yo pienso. Desgraciadamente, no todo el mundo conoce la RAE o, por lo menos, no es de mi misma opinión.

Me explicaré, desde hace ya unos años practico un deporte con asiduidad, de hecho soy instructor del mismo, por lo que este deporte está muy presente en mi vida. Disfruto de la práctica del deporte y, en mayor medida, de su enseñanza; pero la competición, otro aspecto relacionado con el deporte, carece de todo atractivo para mí.

Supongo que, siguiendo la definición de la RAE, la práctica que realizo se enmarca más en el "juego" o directamente más relacionada con la segunda acepción: recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico. 

Pues bien, este tipo de práctica no parece ser comprendida por un importante número de deportistas. Ya hace años leí que "aquel que practica un deporte sin aspirar a la competición, está perdiendo el tiempo", y  hace poco me he encontrado con varias opiniones en esa dirección. En principio podrían ser simplemente opiniones divergentes frente al deporte, pero me he dado cuenta de que hay deportistas que son incapaces de entender siquiera la práctica sin la intención última de vencer en un enfrentamiento, sin  competición.

No quiero decir con esto que cuando yo practico no busque ganar, pues creo que es natural querer ganar cuando se participa en cualquier clase de juego o deporte; pero que el fin último de la práctica sea la victoria y nada más que la victoria, me parece que es perder una dimensión lúdica muy importante.

He visto a muchos deportistas sufrir ante una derrota, frustrarse por no haber conseguido el resultado deseado, perder los papeles ante un encuentro desafortunado e incluso forzar el reglamento para acercarse lo más posible a la victoria. Nada de esto me fue agradable de ver y tampoco me pareció que ellos disfrutasen del momento. Es más, he visto que la competición ha sacado lo peor de muchas personas en su ciego afán por ganar. Ejemplos de hasta donde se esta dispuesto a llegar por la victoria los tenemos en los escándalos de dopaje que suelen salpicar al deporte de élite.

Este ansia por la victoria, lejos de estar basada en la autosuperación, lo que acarrea es un sentimiento competitivo que hace pensar en cualquier otro participante como en un enemigo personal y que puede acarrear una importante frustración de no obtenerse resultados. 

Sin embargo, pienso que otra manera de ver el deporte es posible, una manera que nos haga disfrutar del tiempo libre que invertimos en su práctica y que no nos lleve a tener otra "obligación" o "trabajo" en nuestro momento de ocio. Que nos permita alegrarnos con el esfuerzo invertido en una actividad cuya práctica es el fin en sí mismo. Practicar por el hecho de la práctica, no por conseguir un título o medalla. Con la única presión que cada uno quiera invertir en ello, sea esta poca o mucha.

Yo quiero poder enfrentarme con alguien y disfrutar de nuestra competencia, gane o pierda, sin mayores presiones, no las necesito para disfrutar más. Para mi es muy agradable ver como un contrincante ha lidiado con habilidad y respeto, competir en un ambiente amistoso, no de enemigos a muerte, sin "malos rollos". Y después poder tomarme una caña en el bar de enfrente comentando la "jugada". Eso es para mi el deporte.


viernes, 25 de marzo de 2011

El viejo tema religioso



Ya hace unos meses que realicé un análisis de los que se puede entender por religiones. Ahora lo reviso y me doy cuenta de que su aproximación a la religión me parece adecuada, pero no del todo completa. Me explicaré, creo que obvié la idea misma de un ente o deidad supremo. Parece increíble el olvidarse de algo así, pero así de esquivos son los dioses, tanto que a uno se le escapan del contenedor de las ideas.

Pues bien, en otra ocasión también hablé de los "memes" o unidades funcionales de las ideas. Según esta curiosa teoría sobre las ideas, sólo perduran en el tiempo aquellas que son útiles para el individuo que las porta y tienen capacidad de transmisión. En referencia al tema que intento desarrollar, el "meme" Dios ha de tener sus ventajas, o de lo contrario no sería una idea tan resueltamente superviviente en la humanidad. 

A mi entender, la mayor ventaja que aporta al individuo es la de actuar como causante o responsable de una miríada de sucesos de nuestra vida. Esta idea hace que nos podamos despreocupar enormemente de toda la aleatoriedad a la que estamos expuestos. 

Si ser pesimista es un "meme" que nos lleva a sufrir casi constantemente, la idea de Dios nos permite  ponernos en "sus manos" para despreocuparnos de acontecimientos sobre los que no tenemos control. Es crear una herramienta mental que explica el universo, a la que hacemos responsable de todo lo que acontece, la causa causans de todo lo bueno o lo malo. Y esto significa que podemos respirar tranquilos, Él está ahí para que sigan girando las esferas, Él sabe todo lo que pasa y porque.

Así que no hay que dudar de su poder, es tremendamente beneficioso para el individuo con esta idea, de lo contrario, no sobreviviría.
Se puede argumentar que otro tipo de ideas son igualmente útiles para ese objetivo, el evitar que nos explote la cabeza de preocupación, pero tal vez no sean tan atractivas o carezcan de las vías de transmisión con las que cuenta este poderoso "meme".

Así las cosas, bien pudiera ser que en el dilema del tipo huevo y gallina sobre si qué era antes, Dios o la religión; tal vez la idea de Dios pueda venir antes de la religión y luego vestirse con los colores y formas descritos por una religión dada... históricamente seguro que ha sido así.


Para saber más sobre los "memes": 
http://es.wikipedia.org/wiki/Meme