lunes, 21 de febrero de 2011

Sobre la sangre Valyria

Hace mucho tiempo, antes de la Era del ocaso, aquella que precede a la nuestra, la Era sin dragones; se extendió por las montañas de todo Northern una majestuosa estirpe, el pueblo de la Antigua Valyria, que para entonces ya era viejo. Este pueblo habitaba en las altas montañas, sobre picos inhóspitos, en fortalezas talladas en la propia roca que se elevaban como agujas hacia el cielo. Y era de este modo, puesto que eran las montañas la fuente de su enorme poder, desde donde reinaban sobre el resto de seres de la creación.

No era el caso de todos los hijos de Valyria, pero es cierto que muchos de entre ellos contaban con portentosas capacidades mágicas que utilizaban para mayor gloria de su pueblo. 

El más antiguo saber de estos dotados fue el de la Geomancia. Era esta una capacidad mágica tal que les permitió elevar sus fortalezas sobre las cimas de las más altas montañas, asentadas en riscos imposibles, ofendiendo majestuosas a la ley de la gravedad.

Otros de estos dotados dominaban el arte de la Piromancia, el arte de entender el fuego. Gracias a este poder descubrieron artes alquímicas y metalúrgicas que sólo ellos eran capaces de dominar, pues cualquier otro mortal hubiera fenecido ante las temperaturas alcanzadas por sus obras. Los más grandes piromantes llegaban a trabajar en las mismísimas entrañas de la tierra, sirviéndose de la lava fundida que emana de los volcanes de profundidad. Conocido por todos es el resistente acero valyrio, un material que se forja con magia a gran profundidad y que da lugar a las mejores armas y armaduras que se pueden encontrar en todo Northern.

Y por último, aquellos dotados que fueron la insignia de la Antigua Valyria por el terrorífico poder de que hacían gala: controlaban a la más temible criatura surgida de los fuegos de la tierra, los dragones. Estos eran los Dracomantes.







martes, 25 de enero de 2011

Optimismo catastrofista



En primer lugar decir que esta entrada puede hacer referencia a diversas situaciones. Esto es, esta reflexión surge del estudio de las catástrofes naturales y humanas que se sufren en el medio ambiente. Pero creo que también puede aplicarse directamente a las sociedades humanas, parte de esa gran naturaleza, al fin y al cabo.

El termino "Optimismo catastrofísta" busca definir una postura optimista ante las catástrofes, verdadero motor del cambio. Asumiendo el cambio como algo positivo frente a una situación degradada o inestable que sólo puede desembocar en catástrofe. 

Comenzando por una escala planetaria, pondré el ejemplo de la aparición de la atmósfera rica en oxígeno en nuestra biosfera. Supuso una catástrofe teniendo en cuenta que se trataba de un elemento de desecho, incluso tóxico, de los metabolismos existentes. En un entorno superpoblado como lo eran los antiguos mares del Precámbrico, causó la muerte a un número importante de formas de vida. Sin embargo, de esta catástrofe surgieron las nuevas formas de vida que utilizaron este tóxico elemento como recurso. El primer paso para nuestra existencia.

En una escala social, hay teorías que apuntan que los largos y duros invierno de finales del s. XVIII crearon una situación de hambruna tal que acuciaron una situación insostenible en la Francia pre-revolucionaria. Sólo entonces se tomó la resolución de acabar con un régimen que venía funcionando desde la Edad Media y que en poco valoraba al conjunto de los habitantes de un país. Las consecuencias de este evento catastrófico son de sobra conocidas por todos.

Y por último, en una escala meramente personal. Una pareja puede mantenerse por tiempo indefinido sumida en la mediocridad, sin sufrir ni alegrarse por nada, mientras no haya algo que trastoque sus cimientos. O peor aún, puede sufrir en compañía por temor a la catástrofe que supone la ruptura. Sólo cuando la situación sea insostenible y la catástrofe inevitable se darán los pasos hacia una situación mejor.

Dicho todo esto, considero que hay que ser optimista ante la catástrofe. Y hasta estoy dispuesto a pensar en que luchar contra la corriente que nos lleva hacia la destrucción, es tan sólo oponerse al cambio que renueve una situación insostenible. No pretendo con esto decir que haya que dejarse llevar, o incluso que haya que favorecer la catástrofe; pero si que haya que entender que el cambio no suele producirse sin un suceso catastrófico, entendiéndolo como una situación insostenible.

El único problema para todo esto es que en caso de que nos toque soportar la catástrofe, por muy positiva que esta sea para evolucionar, estamos jodidos.


PD: No quisiera que nadie relacionase esto con creer necesario un acontecimiento violento para favorecer el cambio. Las situaciones insostenibles son una catástrofe en sí mismas y creo que pueden resolverse sin causar una mayor destrucción. Los ejemplos han sido elegidos por ser los más impactantes, espero que los haya menos violentos...

miércoles, 5 de enero de 2011

Espacio parelelo o multiverso



Localizador universal de un elemento n-dimensional

Dentro de un universo dado n-dimensional, donde se puede definir un objeto, sujeto o ente como un punto con n-coordenadas, se puede llegar a establecer una reducción dimensional de forma que dicho elemento quede definido por una coordenada que se repite en los n universos paralelos existentes. 

coordenadas: x, y, z, t, w ... n

Es decir, todo elemento conserva un referente dimensional a través de todos los universos paralelos, de tal manera que este referente nos puede servir de indentificador o coordenada si se trabaja con diferentes universos; siempre y cuando el identificador de cada universo venga señalado con un subíndice que lo relacione con cada universo. De esta manera se pueden localizar elementos que comparten una base común dentro de varios de los universos existentes o multiverso.

coordenadas: w1, w2, w3, w4, ... wn


La variabilidad natural del multiverso nos dará elementos diferentes en base a la variación de las coordenadas del resto de dimensiones presentes en cada universo, pero manteniendo este identificador universal. Normalmente el desplazamiento a través del eje de dos coordenadas no pertenecientes al localizador, nos permiten encontrar la gran mayoría de espacios paralelos que no escapan de la ley de inevitabilidad probailística.

Ley de inevitabilidad probabilística

Para todo suceso dado se crean n probabilidades cuando n tiende a infinito. Sin embargo, debido a causas de inevitabilidad probabilística, no todas las probabilidades guardan la estabilidad necesaria para llegar a producirse, sin importar lo diversas de las condiciones del multiverso.




lunes, 3 de enero de 2011

Nuevo año, viejos temas


Nuevo año y revisión de proyectos que quedaron en la lista de tareas pendientes, lamentablemente, he llegado a la conclusión de que no puedo cumplir con algo que prometí hace ya bastante tiempo.(http://arenasrachidia.blogspot.com/2009/05/buffet-religioso.html)

He estado estudiando las bases de unas cuantas religiones, he pensado largo y tendido sobre ello y he llegado a dos conclusiones. La primera es que toda religión asume unos principios básicos que atañen a la esencia del ser humano y que permiten la convivencia social. Esto es, "No matarás", "Respetarás al prójimo"... etc. Principios éstos que se encuentran presentes en la moral de la mayoría dee los humanos, Dios o no mediante, a los que se podría denominar principios morales fundamentales.

En segundo lugar presentan una serie de ritos, normas o comportamientos que, aún siendo de segunda categoría respecto a los principios morales fundamentales, son lo que marcan la pertenencia o no a determinada religión. Son aquellos comportamientos que dan base a la religión, como comportamiento gregario de la humanidad. Toda espiritualidad que se escape de este tipo de práctica, es a mi entender ajena a la religión.


Ahora bien, examinados estos comportamientos religiosos, no les encuentro otra función que la de inducir un sentimiento de pertenencia y la de ayudar a los dirigentes de una religión dada para encauzar las vidas de sus fieles. No pretendo con esto realizar un juicio peyorativo de los mismos, pero me parece increible que ciertos ritos puedan tener cierta relevancia para la deidad que preside esas religiones.

A saber, el modo de encender una vela el viernes antes del sabbat judío, el hecho de taparse la cabeza o no, la ropa que ha de llevarse o no, el número de oraciones que han de repetirse... y un largo etcetera de ritos o comportamientos que pueden encontrarse en las diferentes religiones.

Lo que he echado en falta en la religión han sido consejos o ayudas para resolver conflictos normales entre uno mismo consigo mismo y con los demás. La máxima de "Amarás a tu prójimo" es demasiado amplia como para ser un buen consejo; y ni en "Amarás a [insertar deidad] sobre todas las cosas" ni en la miriada de ritos existentes he podido encontrar una vía útil para desarrollarse como ser humano consciente de sí mismo.

A modo de resumen, lo único que he encontrado en la religión son dos cosas: unos principios morales fundamentales básicos, también presentes en la carta de derechos humanos; y unos ritos que permiten diferenciar entre seguidor o no de cada determinada religión. Con estos datos el test que quise formular queda bastante sencillo:

Opción A: Espiritualidad con religión.

Opción B: Espiritualidad sin religión.

Opción C: Agnosticismo.

Opción D: Ateismo.

Y aún creo que he introducido demasiadas opciones... respecto a que religión elegir, normalmente la que nos enseñan por lugar de nacimiento, si no, la que más nos guste, aunque comprendo que así pierde mucho ese rollito místico de religión poseedora de la verdad revelada.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Y de repente todo pasa, o ha pasado...



No recuerdo bien quien lo dijo, aunque sabiéndome un completo inútil para recordar nombres, poco me extraña; el caso es que lo dijo: "La vida es aquello que te sucede mientras haces planes para vivirla". O por lo menos algo parecido.

Y la verdad es que me sorprendo a mi mismo siendo víctima de ese mismo pensamiento. Hoy he visto, una vez más, una vieja película de los ochenta, lo que me ha recordado la cantidad de tiempo que ha pasado desde la primera vez. Y es que miro a mi alrededor, en mi casa, donde vivo y gestiono mi propia vida, en la que decido las cosas grandes y las pequeñas; y me doy cuenta de que esta situación ha llegado como sin avisar. No hace cinco años vivía en casa con mi madre, ajeno a toda responsabilidad y ahora tengo dos facturas mensuales a mi nombre. 

He echado en falta una señal, un rito iniciático que me de acceso a esta nueva vida, que me avise al menos. Pero no, todo ha llegado lentamente, digo yo, o demasiado rápido para siquiera darme cuenta. Un enigma, pero evidente es que ha sucedido.

Y es que ni siquiera he tenido tiempo de imaginármelo, de pensar en que tipo de casa quiero tener, de crear y recrear una ilusión de lo que será mi casa, de tantas cosas en las que pensar.

Diré que de todas formas en nada me estresa este hecho, pues vivir, vivo, aunque lo haga, como a veces creo que hago, a salto de mata. Claro que tampoco conozco la experiencia de la mayoría de la gente que me rodea, y no sé si a ellos tampoco les salen los planes que ni siquiera han hecho.

Tal vez lo mejor del caso sea precisamente eso, no haber creado ninguna expectativa, pues suele ser madre de la frustración. Así que termino recordando algo que dijo alguien cuyo nombre obviamente olvido: "Vive el momento, pues ni el pasado ni el presente existen".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

To wash or not to wash



No parece que esta entrada vaya a descubrir los entresijos del universo, ni mucho menos pretender buscar el origen del pensamiento humano, pero no puedo por menos que escribir unas líneas a algo tan cotidiano como fregar los platos.

En realidad lo que quiero hacer es contraponer dos situaciones tan dispares como lo son tener que discutir por unos platos que llevan dos días (de calendario) en el fregadero sin ser limpiados y discutir para impedir que tu pareja friegue, porque ya ha hecho suficiente.

Como bien he dicho, poco trascendental la situación; pero que en el fondo, bien puede usarse como piedra angular de la convivencia, o como mínimo, como un buen indicador de la existencia o ausencia de la misma.

Escribo esto para ser consciente de estas dos realidades que para bien o para mal he vivido personalmente gracias a las personas que en un tiempo u otro he elegido para compartir vida, casa y, como no, fregado.

Sólo me queda dar gracias a los dioses por estar acompañado ahora por quien se preocupa por fregar tanto como yo; y recordarme a mi mismo lo fácil que se olvida lo que fueron unos platos que, en un momento pretérito, pernoctaron hacinados en un pequeño cubículo metálico a la espera de alguien que los rescatase.

A veces las cosas simples significan mucho, otras, demasiado.

martes, 7 de diciembre de 2010

La vida florece, a pesar de Liebig




En general no me quejo de mi vida, puesto que he de admitir que vivo bien. Adicionalmente, teniendo en cuenta que me considero una persona libre y con capacidad para elegir su camino, no puedo quejarme del rumbo que toma mi existencia, elegido por mi mismo como ha sido.

Pero a veces... que duro es mirar hacia un futuro incierto (como si hubiera futuros con garantía) y no dejarse llevar por la angustia existencial. Especialmente cuando los dineros se van agotando y los ingresos no se prometen continuos.

Es en esos momentos en los que decido mirar a mi alrededor, realizar una breve auditoría de mi vida, mi entorno, mis sueños y mis logros con la sana intención de recordarme que estoy vivo, de que no es mi vida un valle de lágrimas y ,muy al contrario, soy una persona muy afortunada gracias a las personas que me rodean y a las circunstancias donde me ha tocado vivir. Pero luego viene Liebig...

¿Y quién es ese Liebig, si puede saberse?, se preguntará alguno, pues un alemán ya hace tiempo fallecido famoso por dos logros. El primero, y el que mayor fortuna le reportó, por crear un extracto de carne gracias a un proceso de su invención. Esto es algo que dudo me afecte en lo más mínimo ni ahora ni nunca. Y en segundo lugar por formular la conocida como Ley de Liebeg, o Ley del mínimo, que establece que en el crecimiento vegetal lo importante no es aquello que abunda, si no el factor con menor presencia, el denominado factor limitante.

Pues bien, no siendo un vegetal debiera importarme poco esta ley tan interesante para la fisiología vegetal, pero me ha dado por pensar a mi que tal vez sea extrapolable a otros aspectos de la existencia.

Esta ley viene a decir que da igual todo lo que tengamos en cantidad suficiente, pues será aquello de lo que carezcamos lo que limitará nuestro crecimiento. Entiéndase crecimiento personal en lugar de vegetal y ya tenemos hecha la puñeta a nuestra existencia. Pues de ser esto así, y haciendo una simplificación cercana al absurdo pero a la vez muy comprensible, no importará si tenemos salud y amor careciendo de dinero, o dinero y amor careciendo de salud, pues lo que nos condiciona es aquello de lo que carecemos.

Lo cual, hablando mal y pronto, es una putada.

Por suerte nos queda el alivio de saber que los niveles mínimos son tan subjetivos que sería imposible determinar un valor objetivo de felicidad. Por lo tanto hagamos como la gata de mi madre, que es feliz con una caja de cartón donde meter aunque sea tan sólo una pata.